Este escrito lo voy a dedicar adquisición de la vestimenta. Pero antes, déjenme hacer una reflexión a modo de introducción. Hace años enero era un mes de rebajas por excelencia…, los tiempos cambian, dado que las ventas tienen hoy otras tendencias. Se ha dejado de comprar en el pequeño comercio, hay ofertas a lo largo del año, a lo que se une las franquicias, supermercados en polígonos, y, lo que más, la compra a través de internet que llenan las poblaciones de camionetas de reparto.
Focalizándonos en la compra de ropa, la tendencia ha ido derivando, con el paso de los años, a comprar y comprar en cantidad, sin fijarse en la calidad de los tejidos. De hecho, en un reportaje que vi hace unos días en TV me llamó la atención lo que allí se exponía: se hablaba de esas ingentes cantidades de ropa que se compran, baratas, que hace que la gente deseche muchas de las prendas a cabo de poco tiempo, creando unos grandes excedentes. Y no sólo por eso de que «se ha pasado de moda», no…, se desecha también debido a su mala calidad. Enlazaba la información transmitida en ese reportaje con que mucha de esa ropa va al basurero sin más, lo que lleva, en parte, a que sea incinerada, mientras que otras son depositadas en los contenedores específicos para recoger ropa.
De lo que se acumula en los contenedores, como hemos visto en más de una ocasión en reportajes, y, si no, vayan al taller de Cáritas de Maó y lo vean, se separan las piezas, unas para poder darle otro uso, para otras personas o venta de segunda mano, otras se envían para que sean destripadas. Pero hay una parte que no se sabe qué hacer con ella, dada su mala calidad que hace que no pueda ser reutilizada, no sólo para ventas de segunda mano, es que ni sirven para ser recicladas como textil. Es más, en ese reportaje se mostraban costas africanas de un país que no recuerdo, al que se enviaban esas ropas no utilizables ni reciclables en ese mundo llamado occidental, que se iban acumulando de tal manera, que ya llegaban al mar… La verdad es que esa imagen me impresionó.
Lo primero que pensé es que deben tener que darse muchos, pero que muchos, ejemplos, para que la gente, hablando en general, vayan cambiando de costumbres, y, je, un poco utópico, que quienes están detrás del negocio de la ropa, también vayan cambiando progresivamente. Reflexioné también sobre la vestimenta de las presentadoras de ese programa, y de presentadores y presentadoras de cualquier programa de TV. Cada día, en cada programa, se cambian de vestimenta y no suelen repiten prendas en los días siguientes. Las presentadoras que reflexionaban con lo que representa ese consumo exagerado de la ropa y el desastre que es, no creo que en ese momento fueran conscientes de que se contradecían, que no daban ejemplo, y que ese ponerse un nuevo modelo cada día ayuda a fomentar justo lo contrario, a consumir aún más… Bueno, y no digamos de las y los influencers, de las/los que no voy a decir nada, porque está ya todo dicho.
2 Demos ejemplo, compremos con más cabeza, esperemos a comprar y compremos prendas que se puedan llevar temporadas y temporadas, que la ropa coja tu forma, y que perdure por la calidad del tejido. Pararemos también esa sobreexplotación de mucha gente que trabaja en la fabricación de esas prendas en países poco desarrollados, pararemos el gran consumo de agua necesaria para fabricar téxtil, pararemos el gran consumo por el transporte de esas prendas a lo largo del proceso de su creación, venta, y reciclado…
Quizás esa frase que me repetía un conocido, que a él se la repetían de joven, debería ponerse de moda y práctica, «No soy suficientemente rico como para comprar barato», es decir, comprar menos y llegar, a lo que cada uno pueda llegar, a comprar piezas de mejor calidad. Esa acción nuestra ayudaría en muchos sentidos de lo que acabo de narrar.