Ver lo que, en apenas un año, ha hecho Donald Trump con el mundo rebasa todo atisbo de sentido común y decencia. Ha sobrepasado todos los límites. Conceptos como justicia, derechos humanos o legislación internacional no existen para él. Dirige su país como si fuera su empresa. El nivel de aberración es tal que nadie osa pararle los pies. El papel de la Unión Europea o la OTAN rezuma cobardía y estulticia a partes iguales. El nivel de sumisión de la presidenta de la Comisión Europea y del secretario general de la organización militar va mucho más allá de lo vergonzoso. A nivel interno, Trump gobierna a base de decretos que no pasan por el Congreso y, saltándose todos los contrapesos previstos en la legislación norteamericana, crea una policía especial antiinmigración a la que dota de poderes ilimitados para que expulse a cientos de miles de inmigrantes. La decisión de desplegar esa policía mercenaria y ultraviolenta en las ciudades gobernadas por los demócratas no es casualidad, las ha inundado de asesinos uniformados que pisotean a diario los derechos humanos. En los años treinta Hitler hizo algo similar con los judíos. Y ese ordeno y mando lo aplica en todos los niveles del país como lo demuestra que el departamento de Justicia haya iniciado una investigación penal contra el presidente de la Reserva Federal por primera vez en la historia.
Y si a nivel interno su gestión es inhumana y demencial, a nivel externo es de auténtica locura: imposición arbitraria de aranceles, bombardeos indiscriminados en ocho países diferentes, inutilización del funcionamiento de cualquier organismo internacional que pueda limitar su poder, secuestro del presidente de un país soberano y usurpación de su poder, injerencia en los procesos electorales de terceros países, apoyo a la política genocida de Israel, amenaza de apropiarse territorios extranjeros como Groenlandia, incumplimiento de todos los tratados internacionales de preservación del medio ambiente… Y ante este atropello del orden global creado tras la Segunda Guerra Mundial, la respuesta del resto de países ha sido la de dejarle hacer. Esa guerra empezó cuando Hitler, tras años de hacer lo que quiso sin que los demás países se lo impidieran, invadió Polonia. Hoy Trump está haciendo cosas que ni Hitler se habría atrevido a hacer porque los demás países están cometiendo el mismo error que cometieron hace 90 años. Entonces la estulticia y la cobardía condujeron a la barbarie. Parece que no hemos aprendido nada.