Directo al grano... He experimentado el comunismo en vivo y en directo en dos ocasiones. Y las recuerdo perfectamente. En Abril del 74 (en mis tiernos ’twenties’) fui a Berlín Este, en plena guerra fría. Salí en tren de Hamburgo y pronto ya entramos en territorio de la DDR (Alemania del Este), esa parte que quedó bajo la influencia soviética y el país que surgió de la partición de Alemania en 1949 después de la Segunda Guerra Mundial.
Recuerdo que estaba prohibido bajar al andén en las pocas estaciones en las que se detenía el tren. Contrariamente, en una parada subieron varios policías para cachear a los pasajeros. Era la conocida Volkspolizei (popularmente denominados VoPos). Berlín Oeste, dividida en los tres sectores aliados occidentales (americano, francés e inglés), era una isla en medio de un mar comunista. Pero su vida en los tiempos de los ‘espías que surgían del frío’ era similar a la de cualquier otra ciudad europea. Imperaba el rock and roll y las melenas, las minifaldas y las chicas tremendas, las hamburguesas, las salchichas y el cine americano, la estética de la moda urbana occidental y, por supuesto, la Coca Cola y el Bourbon habían sustituido al vodka. Uno se sentía en casa. Home, sweet home. El problema era que esa parte de la ciudad estaba rodeada por ‘The Wall’, el famoso Muro de Berlín, que enclaustraba la libertad del ich bin ein berliner dentro de una cárcel totalitaria.
La guerra fría había consentido en abrir varios pasos fronterizos entre unos y otros sectores que, a lo largo de su existencia protagonizaron múltiples incidencias bien retratadas en el cine y en la literatura. Así, estaba el famoso Check Point Charlie, que bajo bandera norteamericana, te advertía «You are leaving the american sector ...» («abandonas el sector americano») como si traspasar aquel control y adentrarte en la zona oriental de la ciudad fuese entrar en un mundo desconocido del cual no se hacían responsables. Y así era.
Pero yo me atreví. Una vez pasado el control americano, avanzabas en tierra de nadie y, bajo la estética cinematográfica que todos hemos visto en mil películas, seguías andando hasta llegar al control de la parte oriental. Allí, y después de escudriñarte, te interrogaban por las razones de tu visita a la Alemania Oriental («Urlauben», vacaciones, respondí), te pedían tu pasaporte («Ich komme aus Spanien») y te registraban de dalt a baix. A continuación te exigían cambiar moneda (OstMark – Marco Oriental) y te pedían el tiempo que pretendías estar («zwei tagen». dos días, dije). Pero no, ni hablar, solo daban permiso para un solo día. Me chafaron mis planes que eran patearme el centro, subir a la torre de la Televisión, sentir «Unter den Linden» y encontrar algo así como una pensión para, al día siguiente, con permiso de los Vopos, explorar los suburbios sin parecer un espía husmeador. No pude hacerlo aunque admito que con las horas que estuve allí (unas 10) ya tuve suficiente.
Allí viví fugazmente, y en forma de cursillo acelerado, la historia de Europa en directo. Cerca del Muro todos los edificios estaban en ruinas con las ventanas tapiadas. Aún había alambres de espino, las calles respiraban un aire aburrido y gris. Sobretodo gris. Me impresionaron los escaparates de las tiendas prácticamente vacíos. Imperaba una tristeza generalizada. El tráfico se reducía al paso de los Trabi, los cochecitos que el régimen de Honecker habilitaba como transporte popular, en línea con los Seat 600 en España, los Citroen 2CV en Francia o los Fiat 500/600 en Italia. Anduve mucho y subí a la Torre de la Televisión. Comí en alguna parte, vi mucha gente ociosa y me cabreé ante tanta desolación. Inmediatamente comencé a añorar Occidente. Ya había visto suficiente. Aquel no era mi mundo. Desde entonces lo supe: el comunismo no es para un liberal empedernido ni para un amante de la libertad individual como yo.
Años después tuve también la ocasión de visitar la Praga del Pacto de Varsovia, ya en tiempos de la denominada Revolución de Terciopelo que dio pie a la llegada de Václav Havel. Sebime organizó un viaje a aquellos países que comenzaban a abrirse al mundo libre. Junto a Clara Torres, otra bisutera de raza, visitamos las oficinas comerciales españolas en Checoeslovaquia y en Hungría. En el aeropuerto de Praga la primera visión fue terrorífica: a través de una espesa bruma vi unas parejas de policías armados custodiando la pista de aterrizaje. Daban auténtico miedo: vestían unas capas inmensas y unos cascos que te remitían directamente a escenas del frente ruso. Pero ya se acercaba la libertad después del frío invierno comunista y al fin la consiguieron en 1989.
Cuento esto porque alguna vez me choca leer algunos recuerdos en este diario de viejos nostálgicos locales de la extrema izquierda bolchevique donde reivindican el comunismo como una maravillosa forma política. Pobres cándidos. Si lo hubiesen experimentado en sus carnes quizás hubiesen comprobado la realidad de su utopía.
Notas:
1- La ordinalidad catalana es una ordinariez, extraordinalidaria en su soledad. Y si no lo entiendes eres un facha.
2- ¿El Derecho Internacional autorizó el desembarco de Normandía y la ‘extracción’ del nazismo? ¿Lo hizo Vichy?
3- La fundación Rubió gestiona la próxima participación del exalcalde de Caracas en uno de sus Foros.
4- Apuesta: El conocido carácter español besucón (tipo Yolanda Díaz) de un anciano de 82 años, ya con carencias físicas y con dificultades de desplazamiento, es usado como una excelente cortina de humo para amagar los escándalos del Gobierno. Sin juicio ni presunción de inocencia. A lo bestia. Hede a montaje y a chantaje.
5- Marcos de Quinto en el CIM: Nivelazo. Un cartucho contra la corrección política al dente. Al fin alguien dice algo interesante en la Isla. La huida de los dos consellers de Més demostró la extrema intolerancia de esta secta.
6- Por una Groenlandia europea. Por favor sigan pescando bacalaos, los necesitamos para las esqueixades.
7- ¿Será verdad que el Fons Menorquí de Donacions ha regalado € 70.000,00 para arreglar unos huertos en El Salvador mientras aquí hay tanta gente desesperada? ¡Si mateix!
8- 2026 ya no será año de bulos y fango sino de juicios concretos y sentencias. Negro panorama, Pedro.
9- Pronto habrá noticias sobre Mahón.