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Contigo mismo

¿Qué está en vuestra mano?

| Menorca |

Durante décadas habéis vivido en una Paz que ahora se muestra como altamente quebradiza. Aunque era una paz en minúsculas e hipócrita porque solo aludía a los países desarrollados. Aquellos que, por el contrario,    resultaban económicamente irrelevantes eran ninguneados y su pobreza y miserias rara vez tenidas en cuenta y mucho menos expuestas en los medios de comunicación. Tampoco algunas dictaduras, de un signo u otro y algunas teocracias fueron combatidas o denunciadas porque, simplemente, no poseían interés alguno para las grandes potencias. Teníamos una sociedad más o menos plácida en la que tres eran los jugadores y uno de ellos protegía a los estados frágiles de su onda. Existía un equilibrio porque se aplicaba el conocido principio de «que entre bomberos no vamos a pisarnos la manguera»… Hasta que alguien probó de alterar el juego invadiendo un país y luego llegó otro, una especie de matón de patio escolar con tupé que decidió comprar o puede que incluso conquistar parte de una nación aparentemente amiga, etc. Se detenían dictadores, pero no a sus cómplices, se proferían amenazas y el tablero se tambaleaba. Tres o cuatro eran los reyes, cada uno de los cuales contaba con sus torres, alfiles y caballos. ¿Los peones? Vosotros, aún sin saberlo. Y, en ese juego, las cosas se hacían y deshacían por la fuerza, que no por la razón. Y mucho menos por los sentimientos.

Habéis vivido un 2025 peligroso, al borde del abismo y entráis en un 2026 igual de amenazante. Por si fuera poco, la Naturaleza parece haberse cansado de vosotros. Y vosotros, atemorizados, únicamente rezáis para que no se    muden en realidad las palabras, que parecen hoy proféticas, pronunciadas por Miguel Delibes en su Discurso de Entrada en la R.A.E.: «El dinero se erige así en símbolo e ideología de una civilización. Se antepone a todo; llegado el caso incluso al hombre. Con dinero se montan grandes factorías que producen cosas y con dinero se adquieren las cosas que producen esas grandes factorías. El hecho de que esas cosas sean necesarias o superfluas es accesorio (…) Con el dinero –y tal vez inoculado en él- hay, a mi entender, otra nota diferenciadora del progreso moderno: el deseo de sobresalir o, lo que viene a ser lo mismo, la ambición del poder».

¿Qué está en vuestra mano para acabar con ese orden nuevo y miserable? Quizás, y en primer lugar, no perder la esperanza. Y… Priorizar la educación de los hijos, vivir de manera honesta, denunciar las injusticias aunque estas se cometan a miles de kilómetros de vuestra zona de confort, huir de los populismos, apostar por la cultura y un largo etcétera. ¿Bastará? Bastará cuando el tablero, restaurado, no esté en manos de personajes siniestros, algunos de los cuales no han sido elegidos democráticamente, pero otros, incomprensiblemente, sí… Un ejemplo paradigmático de estos últimos sería el de aquella «señora» americana, inmigrante regularizada, que manifestó públicamente haber votado a Trump porque, entre otras cosas, acabaría con… ¡La inmigración!

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