Volviendo a una de mis residencias habituales (sí, mi vida es complicada), abro el buzón tras una prolongada ausencia, y además de las facturas de rigor, me encuentro con un sobrecito sin marca alguna, en cuyo interior hay nada menos que un dibujo original de una palomita, y un manuscrito que me informa de la importancia de lo que quieren contarme en el folleto adjunto, referido cómo no a la previsible formación religiosa que previsiblemente mejorará mi existencia y salvará mi alma. Y cuando se lo muestro a una de mis parejas (sí, mi vida es complicada), es ella la que me dice que tengo que escribir una columna de ello, fijándome en el detalle de que hace no tantos años, la publicidad que se buzoneaba de forma más común era la de chicas ligeras de ropa anunciando espectáculos eróticos o servicios de compañía, y que lo que a mí me ha sucedido es sin duda el signo de los tiempos que corren, en los que sin dejar de lado los avances sociales que hacen que ciertas conductas ya no sean vistas con la tolerancia que se miraban antes, se vuelven en cambio hacia aspectos un tanto enranciados y que a veces ocultan más de lo que muestran. ¿Será una cuestión pendular, y volveremos a ver alguna vez en nuestros buzones octavillas que hoy son políticamente impensables a pesar de que sigan siendo de lo más habituales, o nos bombardearán cada vez más con propaganda religiosa y maniquea? El tiempo lo dirá, cuando los tiempos cambien para otros vientos…
Tribuna
Eros y buzoneros
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