Suelo hacer críticas sin citar a las empresas. Pero eso está mal porque la generalización puede devenir en falacia. Así que esta vez sí nombraré a la compañía que más maltrata al pasajero y se sirve de las más burdas artimañas para extorsionarle y exprimir su bolsillo, alardeando de un bajo coste que se convierte en fraude. Añadiré a todo esto el adverbio presuntamente y así nos evitamos problemas, aunque cualquier señalamiento queda demostrado a través de los miles de clientes que se sienten estafados, manifiestan sus quejas en redes o incluso llegan a la vía judicial. Y por si tampoco fueran suficientes las sanciones millonarias que le aplican gobiernos y tribunales, que la empresa se pasa por el forro porque las compensa con más robos al pasajero. A esta altura del párrafo todos los lectores habrán deducido que hablo de Ryanair.
Mucho cuidado, residentes, porque si quieren añadir una maleta a un billete ya comprado, la aerolínea les bombardeará con un precio sugerente y ustedes pensarán que la tarifa lleva aplicado el descuento insular. Caerán y la comprarán anticipadamente por menos de 10 euros el trayecto, pero al llegar a la puerta de embarque les dirán que ese bulto tenía ese precio si ustedes lo facturaban, daba igual que las dimensiones fueran de un equipaje de mano. Se defenderán diciendo que no vieron esa indicación, cuya letra debía ser tan pequeña que pasó desapercibida para el ojo humano. Y sólo podrán embarcar sus pertenencias si abonan 50 euros al subir al avión, por mucho que ustedes supliquen al empleado de turno, que debió ganar un casting por falta de empatía, cuando no mala leche y mala educación. Como si fuera a heredar la empresa, aunque no me extrañaría que fuera a comisión. Así que ustedes habrán pagado dos veces por la misma maleta, una timados y otra saqueados y humillados.
A esto se le llama publicidad engañosa y debería estar perseguido y castigado de oficio. Es más, la Administración debería resolver de forma rápida exigiendo una compensación directa al pasajero, porque las multas, cuando las hay, no repercuten en la víctima, que no se planteará ir a la vía judicial, lenta y costosa, por 50 euros, por mucho abuso que sea, porque acabará perdiendo mucho más dinero, tiempo, paciencia y salud. Conclusión: a la propia Administración le compensa que siga habiendo timo porque seguirá recaudando para sí misma. Al viajero no le consuela la subsidiariedad.
Cobrar por imprimir la tarjeta de embarque aunque su web no funcione, por prioridad para subir al avión, por sentarse con el hijo al lado al que habían ubicado solito 15 filas atrás pese a tener tres años, por llevar las pertenencias básicas, por sobrepasar milímetros en las medidas de la maleta… Un sistema orquestado para vaciar la cartera y la dignidad.