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Desconfianza total

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A medida que pasan los días y se supera la conmoción de toda la sociedad, se dibujan con mayor claridad los elementos que nos invitan a desconfiar en todo aquello que nos cuenta el poder político con relación a la tragedia de Adamuz.

Por descontado, no elucubraré sobre las causas concretas de este siniestro. Esa irresponsabilidad se la dejo a quienes, desde las filas socialistas, no tienen siquiera el decoro de esperar a que se interiorice el luto por una tragedia -véase el episodio de la DANA o los atentados del 11-M- para culpar al adversario. La verdad es lo de menos, lo que cuenta es el rédito político. Gracias a esta sucia y macabra forma de hacer política, en 2004 alcanzó el poder, inopinadamente, José Luis Rodríguez Zapatero. Por tanto, lo mejor que pueden hacer desde el PSOE y el Gobierno es agradecer que no seamos como ellos.

Pero una cosa es no acusar sin pruebas a los dirigentes políticos al cargo de esta responsabilidad y otra muy distinta es dejar de poner de manifiesto la absoluta desconfianza que transmiten. La falta de transparencia es total. Mientras Óscar Puente se aprestaba a calificar el terrible accidente de ‘extraño’ y a afirmar que la vía se había renovado en ese tramo recientemente, los responsables de ADIF tomaban sin explicación alguna la decisión de limitar temporalmente la velocidad en un tramo de 150 kms. de la línea Madrid-Barcelona a casi la mitad, respondiendo a las quejas de los maquinistas, a los que se ha desoído por completo hasta que se ha tenido que producir un siniestro con más de 40 víctimas, catástrofe que, además, pone en entredicho la calidad de nuestro trazado de alta velocidad. El propio Puente anunció, vanagloriándose, que las líneas estaban preparadas para incrementar la velocidad punta a 350 kms/hora. Menos mal que fueron solo palabras.

Hace bastantes meses que se denunciaron por escrito vibraciones inusuales en distintos sectores de las líneas, pero el Gobierno de Pedro Sánchez las ha ignorado olímpicamente.

Entretanto, expertos ingenieros del ramo insisten en que se ha triplicado el tráfico con la llegada de la competencia a RENFE, al tiempo que se han reducido a la mitad las inversiones en mantenimiento.

El Gobierno, ciertamente, tiene otras prioridades que no son el transporte ferroviario. Extremadura es el ejemplo palpable. Lo que sucede es que, hasta ahora, su incompetencia y opacidad eran incruentas; pero eso se acabó.

El sindicato de maquinistas anuncia, lógicamente, una huelga. Era lo que nos faltaba.

En el ámbito insular, hay que hacer mención del acierto de Jaime Martínez y el consistorio palmesano al suspender los fastos de Sant Sebastià en señal de duelo. No estaba el ambiente como para fiestas, desde luego.

Y, de la misma forma que hay que halagar esa iniciativa institucional, que responde al sentir mayoritario de la población, hay que incidir en la bajeza moral de los dirigentes de Podem al mantener su fiestuqui alternativa y ‘autogestionada’ para solaz de cuatro y el gato. Ni en estas circunstancias saben estar a la altura. Quienes -Lucía Muñoz al frente- se pasan el día espetando proclamas acerca de la solidaridad con las más peregrinas causas ajenas, no tienen ni un átomo de empatía con las familias de las víctimas de Adamuz. Profundo asco.

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