Síguenos F Y T I T R
Hoy es noticiaEs noticia:
Asseguts a sa vorera

El peligro de opinar

| Menorca |

Opinar se ha puesto carísimo. Casi tanto como tomarte una tostada de caviar sobre pan de langosta. De un tiempo a esta parte se ha perdido el noble arte de no estar de acuerdo. La red social Twitter, que ahora se llama ‘X’, nos ha hecho pensar que lo que decimos puede importarle a alguien o puede tener algún valor, del mismo modo que Facebook nos hizo creer que teníamos muchos amigos e Instagram, que sabemos hacer fotos. Por eso, ahora, cuando compartimos una idea hay quien piensa que tiene la verdad absoluta o que no cabe lugar para otra opinión.

Hay un tanto por cien de personas que piensan que la sociedad está polarizada hasta un límite exagerado y hay un montón de tontos por cien que lo han provocado. Por eso ahora los mensajes se han absolutizado. A riesgo de que me haya inventado esta palabra, que creo que no, te explico que significa que se han conseguido eliminar los matices. El que opina blanco, opina blanco, y el que opina negro, opina negro. No hay margen para matices.

Además de caro, opinar se ha vuelto peligroso. Porque la auténtica arma de destrucción masiva es un tonto -o tonta o tonte, da igual- convencido de que tiene razón. Es peligroso discutir con él, igual que puede ser peligroso ignorarlo. La Navidad ha valido como banco de pruebas para muchas familias donde el papel del típico cuñado ha quedado difuminado por las discusiones de los primos acusándose a discreción de ultraderecha y de ultraizquierda.

Dime que me equivoco. ¿No te ha pasado? Las tertulias del bar han sido las grandes perjudicadas de una polarización en la que unos son «fachas» y otros son «rojos», ambos «de mierda», mientras hay gente que se beneficia y se frota las manos ya que tiene una parte importante de la sociedad luchando a uno y otro bando. Y por uno y por otro bando.

Yo creo que deberíamos relajarnos soberanamente, tomarnos las cosas menos en serio y pensar que el que piensa azul no es solo ‘azulista’ igual que el que piensa rojo no es ‘rojista’ ni el verde es ‘verdista’. Podemos coger diferentes tonos y mezclar las ideas hasta obtener una ideología con sentido, individual, empática y de la que poder presumir sin que venga el cargante tarado de turno a tildarnos de una u otra cosa, ni ponernos ninguna etiqueta.

Hubo un tiempo que se podía discutir tranquilamente, sin necesidad de tener la razón, ni buscarla, simplemente intercambiando opiniones y puntos de vista. Pero en la victoria de los mediocres está el imponer que tú eres malo y ellos no. Y, nuestra victoria, es estar convencidos de que no necesitamos tener la razón para saber que ellos sí que son los malos.

Sin comentarios

No hay ningún comentario por el momento.

Lo más visto