Directo al grano... ¡Uf, han tardado años! ¿Qué digo años? Décadas. Pero ¡aleluya!, al fin algunos miembros del clan ya comienzan a darse cuenta de su error, de su inmenso error, aunque, quienes conocen la sociedad menorquina en sus fuerzas y debilidades, ya intuían el desenlace de esta opereta: el fracaso consolidado. Almacenamos demasiados años de tradición e historia como para permitir que nos anulen nuestra personalidad.
¿A qué me refiero? Hablo del reconocimiento de culpa y responsabilidad de quienes han defendido obstinadamente durante décadas la imposición de la enseñanza del foráneo barceloní en sustitución de nuestra forma menorquina. Hablo de un clarificador escrito publicado en este periódico (19 Enero 26, «Per Sant Antoni, més i bon català») por un miembro destacado del grupo defensor de ese colonialismo lingüístico con quien lo único que me une, que recuerde, es el gusto común por Van Morrison. Entiendo el escrito del docente Sr. Barber Luz, Anselm, que dedica «Al professorat i a qui fa intervencions públiques en la nostra llengua», como un reconocimiento de culpa global con voluntad rectificadora.
Veámoslo. Su escrito, que considero positivo en su globalidad, comienza sin embargo con una mentirijilla («Un dels encerts polítics va ser el consens respecte de la nostra llengua...», se refiere a cuando Gabriel Cañellas). No, amigo, aquello solo fue un acuerdo furtivo entre políticos en el que no intervino la ciudadanía. ¡Ojalá hubiésemos sido suizos para poder responder de forma directa a varias preguntas! ¿Cuál es nuestra lengua? ¿Cómo la llama Ud.? ¿Debemos de enseñar nuestras peculiaridades o enseñar las de otros?, etc. etc. ¿Consenso, qué consenso? 40 años después sigue la polémica. Recordemos que un PP acomplejado y cobarde mandó a su conseller de Incultura a pasar un fin de semana a Menorca para reflexionar y ‘decidir’ (¿?) cómo denominar a nuestra forma lingüística. Para no olvidar.
El escrito del amigo vanmorrisista, que ya merece mis respetos solo por serlo, después de lamentar la situación actual del barceloní en nuestra isla (a pesar de ser la más catalanizada de todas las Balears) aboga «per mirar de revertir la situació actual (sic)» ...menorquinizando la enseñanza y promover el uso de nuestra lengua local. Y afirma «No estaria de més que el professorat de les illes, en general –y el de Menorca en particular– acualitzés i adaptés, de forma pertinent, vells conceptes que ja no estan vigents...», para poder interpretar la lengua como «vertaderament nostra». Es decir, propone dejar de usar forasterismes para sustituirlos por el bagaje lingüístico que define nuestra personalidad si queremos ser nosotros mismos. Precisamente eso es lo que algunos defendemos desde hace 25 años a pesar de haber sido tildados de incultos, fachas, espanyolistes, etc. ¡Pues, mira por dónde!
Para conseguirlo propone unos puntitos «molt senzills i entenedors». Por ejemplo, normalizar el presente de indicativo nuestro (cant, estim, pens...) sin vocal final. También reconoce el poco uso actual, «entre el jovent», de la forma menorquina «jo som» (que está siendo substituida por el forastero «jo soc»). Asimismo propone utilizar todas las terminaciones verbales menorquinas (ej. cantam, rectificam...). Igualmente propone utilizar el grupo consonante ‘tll’ (vetla, ametla, batle, etc.) y finalmente «s’hauria de contemplar el lèxic més pròxim a la parla de Menorca... anar-se’n, llevar, cercar, darrer, arena, fillet/a, en tost de marxar, treure, buscar, últim, sorra, nen/a, etc.»
Es decir, reivindica lo evidente: respeto hacia nuestro «menorquí»... que es «tan Km.0 com un perol as forn». Por lo tanto: bienvenido al club, amigo. Otro sí: Su escrito también reconoce que «no hem treballat prou» en relación al uso de la forma habitual de la isla. Y yo digo: «Millor dit, no heu ’treballat’ gens ni mica». Gracias por admitirlo.
Luego, una pena, y se supone que ¿para nivelar?, lanza un ataque a los que, desde otra cuerda política (Conselleria de Cultura del CIM), abogan también por menorquinizar el habla educativa, comercial, oficial y administrativa de la Isla que, paradójicamente, es lo que él mismo parece proponer. ¿Com quedam, idò? ¿Todo depende del lado ideológico desde el que se dispara aunque se persiga lo mismo?
Ya es hora de dejar de lado aquella falacia repetida obsesivamente durante décadas por los catalanistas locales recitada al estilo del clásico «Lorito real, España y Portugal»: «Com més català, més menorquí». Pues no, el tiempo evidencia, contrariamente, que «Com més català, manco menorquí».
El consenso efectivo sería denominar «menorquí» a nuestra habla. Sin más. Y el sumun del sumun, la orgía cultural final, sería refutar las dependencias forasteras del Corán pompeu-fabriano y regresar al respeto histórico en los topónimos. Podríamos llamar a mi ciudad Mahó-Mahón si «xermáramos» la hierba invasora que la envuelve. Venga amigo intentémoslo, igual encontramos «The perfect fit». (Ya sabes que está en el disco «Days like this»). ¡Viva Van!
Notas:
1- Tsunami turístico: la menorquina Set Hotels compró el Hotel Pueblo a un fondo de inversión (Blackstone) que lo venía alquilando a Barceló. Gran operación de adelantamiento. Un orgullo para Menorca. Enhorabuena amigos.
2- Sí a la inmigración, pero reglada y caso por caso. Sin empujar, por favor.
3- La entrada ilegal nunca puede ser premiada. Produce efecto llamada. Algunas instituciones deberían atinar.
4- Feliz cumple a Pedro J.B., amigo en la eterna discrepancia. Tan iguales y tan distintos. Per molts d’anys.
5- Una bodega riojana ha reconocido la meritoria labor mundana de un conocido vecino de Sant Climent creando un caldo específico (Crianza del 22) bajo el nombre de «Barón de Mel·la» con lo cual ya ha entrado directamente en la nobleza. Ya se venden 600 cajas al año y su etiqueta muestra el perfil del ‘ojomeneado’.
6- ¿Qué quiere que les diga esta semana de Sánchez? Pues confirmar lo que Uds. piensan.
7- ¿No hay manera más tonta que encender bengalitas como forma de protesta? Foc i fum, res Més.
8- El 8 de febrero la alegría se convertirá en pena en Aragón. PP igual a Pilar Pena.