Se ha puesto tontorrón el invierno. En plan como si se lo hubiese tomado muy en serio lo de tener frío, viento, lluvia… Los que hibernamos emocionalmente hasta que vuelva el buen tiempo, estamos bastante hartos de tanto mal tiempo, de tanta borrasca y de tanto tener que posponer o cancelar planes porque todavía no toca. Pero bueno, la realidad es que es invierno y está haciendo el tiempo de invierno.
Es cierto que la lluvia es buena mientras sea con medida y no acabe en torrentada ni conlleve daños personales, materiales ni laborales. Tampoco hace falta que «rompa los cristales de la estación». A Menorca le viene bien que sea uno de los inviernos más lluviosos que recuerdo, sobre todo pensando en que con ellas, a lo mejor no sufrimos tanto en verano cuando seamos muchos más en la Isla.
Pero bueno, imagino que los mismos que tanto se han preocupado en limitar el uso del agua porque no llovía, ahora nos dejarán respirar tranquilos porque habrán recogido y preparado toda esta agua. Quiero decir, que mientras nos preocupábamos de que no llovía extremábamos precauciones para que cuando lloviese, pudiésemos recoger el máximo de agua. Así todo esto habrá servido de algo.
Es un tema que me preocupa muy seriamente. Cuando nos quejamos de que falta algo, debemos prepararnos el doble para cuando regrese ese algo y nos pille mejor preparados que cuando nos ha faltado. Yo confío ciegamente en que sí, en que lo hemos estado y que, por tanto, este verano tendremos un poco más de tregua con la gestión del agua. Porque realmente está cayendo mucha y, aunque no toda, una gran parte se puede aprovechar, ¿no?
Porque cuando hay sequía, es tan importante que extrememos precauciones con toda lógica como que estemos preparados para recoger más agua cuando llueve. Si no, el problema no es solo la sequía, sino como nos organizamos para combatirla.
Pero claro, yo no soy ningún ingeniero del tema, ni tampoco estoy afiliado a ningún grupo que se transforma en experto solo con tener un carné. Soy solo una persona que piensa en voz baja y escribe en voz alta, que prefiere no tener razón porque es demasiada responsabilidad y que ha aprovechado estas lluvias para regar bien las plantas.