Pensé que era un montaje hecho con inteligencia artificial. Hoy todo vale en la guerra barriobajera de la política ficción. Y casi todo es ficción en la política. Luego vi la notícia publicada en el Diario MENORCA y me sacó de dudas. Irene Montero, que no es casta, en un mitin de campaña electoral habla claramente del reemplazo. Propone barrer de fachas y racistas (o sea, todos los que votan mal) el país, para sustituirlos por gente migrante que pronto podrán votar por la vía rápida. Tal vez sea un programa europeo más ambicioso. Por lo menos, ella explica sus planes a las claras. Sin eufemismos ni suavizante.
No sé si somos conscientes del peligro que corremos o si preferimos vivir en la inopia. Ya nos han explicado que había gente haciendo vida normal, no muy lejos de los campos de exterminio. La banalidad del mal empieza por ignorar señales que nos incomodan: es una mezcla de miedo y pereza. El totalitarismo y la ingeniería social no son casuales. Tienen un avance gradual y una firme determinación de llevarlos a cabo.
Irene puede mandar a la cárcel a cualquiera por un delito de odio. Ella está exenta, por supuesto. Sus sueños de reemplazo pueden parecer irreales conociendo sus limitaciones. Pero tomárselo a la ligera, junto a todos los populistas unidos que nos gobiernan, puede llevarnos a otro camino sin retorno. Esos momentos históricos donde todo explota y vuelve a haber un sálvese quien pueda.