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Inventarse la realidad

| Menorca |

Inventarse la realidad, como hacen numerosos Gobiernos europeos (con Estados Unidos, Israel y Rusia en cabeza), que no equivale a mentir porque exige fabricar otra realidad superpuesta, no es ninguna novedad de este tiempo. Escritores, caudillos, poderes religiosos, políticos y periodistas combativos, llevan toda la vida haciéndolo, y por ejemplo en España, nuestra obra maestra literaria versa sobre un hidalgo manchego que no es que se invente a sí mismo como caballero andante, se inventa toda la realidad. Entera y sin fisuras. Señal de que el autor del invento posee un universo propio. Lo que ocurre es que la realidad es muy grande, ancha y ajena, y más pronto o más tarde, estas creaciones culturales, políticas, literarias o religiosas, hacen agua o se acaban estrellando. Se dice entonces que el invento tropezó con la realidad, y la realidad se impuso. Y ahí es donde está la novedad del presente, porque con ayuda tecnológica, estas realidades inventadas se han fortalecido mucho, y no parece que la realidad propiamente dicha se esté imponiendo, ni que vaya a hacerlo en breve, cuando mande de verdad la IA. No es que haya más bulos y falsedades que nunca, ni que líderes mundiales poderosos mientan más que nunca, es que nos estamos inventando la realidad sobre la marcha, y el invento ha calado muy hondo. Porque es un excelente negocio.

Recuerdo ahora que el capítulo 7 del famoso bestseller internacional «La era del capitalismo de la vigilancia», de la doctora Shoshana Zuboff, se titulaba precisamente «El negocio de la realidad», y en él se habla de que ya en el Foro de Davos de 2015, eminentes representantes de las grandes tecnológicas explicaron lo que llamaban computación ubicua, en el que el mundo virtual era el real, porque el propio internet, de tan ubicuo y profundamente fusionado, pasaría desapercibido. Comprenderán ustedes que en una realidad inventada, cuyos usuarios, en lugar de clientes o lectores de ficciones, constituyen la propia materia prima de la industria, no existe diferencia entre verdadero y falso, y quién sabe si entre el bien y el mal. De hecho, no tengo ni idea de qué realidad estamos inventando. Salvo que se trata de un gran negocio.

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