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Xerradetes de Trepucó

Sor Rosario Coll

| Menorca |

Qué distintos fueron los años que llenaron la época de los años 90! Jornadas de mi asistencia a Santa María de Mahón y    a la ermita de Gràcia, donde conocí un grupo de mujeres inolvidables, especialmente a las religiosas del Monasterio de la Inmaculada Concepción, conocido por los mahoneses, per ses monges tancades.

De niña conocí el lugar a través de mamá Teresa y sus tapetes de ganchillo y demás para ser almidonados. Aquellas monjas eran únicas. Le daban a la plancha y al almidón como auténticos querubines. A sor Rosario, la monja ferrerienca la conocí en el transcurso de la década de 1980-1990, fue casual y de agradecer. La encontré tan bonita, juvenil y alegre. Me encantaba hablar con ella dando la sensación que éramos amigas de tiempo atrás. Fueron días idílicos en los que tuve trato con Rosario, como a ella tanto le gustaba que la llamaran. Las amistades de la parroquia me llevaron a asistir –en el porche– a reuniones de mujeres de todas las edades, que gracias a ejercicios y oraciones y también escuchando al reverendo Teodor Suau –entre otros– y a monjas que venían de fuera, nos daban y mostraban cómo ir caminando por el sendero de la vida, cogidas de la mano de Jesús, que tanto me ayudó.

Aquel punto de encuentro era idílico. Subíamos a través de una estrecha escalera de caracol, comíamos un sabroso menú humilde pero muy sabroso y el postre. Qué decir de aquello dulces rellenos de crema. Todo ello elaborado por las propias hermanas.

Pasó el tiempo, por el cual he de agradecer a Jesús su concesión y a la vez me quejo de su rapidez. Dejé de subir por la escalera de caracol, y de dinar dalt aquell preciós porxo, rezar en su entrañable capillita, poco a poco fui dejando de ser la Margarita Caules, la mujer y madre que un día conoció a una joven mujer con su nuevo hábito blanco y capa azul cielo como la Virgen, sus maneras entrañables, y su caridad hacia todos, sus consejos... Muy trabajadora como buena ferrerienca que era y llevaba en su corazón.

Ahora reposa en aquel huerto, jardín del monasterio junto a tantas religiosas que la esperan.

Descansa en paz admirada Sor Rosario. Mi más sentido pésame a la comunidad de hermanas y a sus familiares.

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