Más de dos mil balas de envases compactados, unas 600 toneladas de plástico, esperan a ser recogidas para salir de la planta de residuos de Milà, por los problemas que afectan al sector del reciclaje. La concesionaria del Área de Gestión de Residuos en Maó advierte del riesgo medioambiental que esa acumulación supone, peligro de incendios o de plagas de insectos. Ahora resulta que las empresas de Ecoembes no vienen a recoger esos residuos porque no les sale rentable, hay una crisis en la cadena de valor del plástico en toda Europa.
Por otro lado, el compost de muy buena calidad que se genera en Milà, gracias a la separación en origen, tampoco está teniendo salida, se acumula en el recinto y una parte se tira al vertedero porque falta un certificado oficial del Ministerio de Agricultura.
Mientras la ciudadanía se esfuerza por seleccionar, con tasas que han pasado de una media del 20 por ciento de recogida separada a casi el 82 por ciento en municipios como Es Castell, el primero en implantar el sistema puerta a puerta, el negocio y la ineptitud burocrática van por otro lado.
Después de años de discurso sensibilizador sobre la necesidad de reducir, reutilizar y reciclar –las famosas tres erres de la economía circular–, con campañas que han costado miles de euros; hasta el punto de generarnos mala conciencia cuando no se logra despegar el maldito plástico del papel en el que nos sirven el pan –alguien se debe forrar con este innecesario invento–, ahora nos vienen con esas.
También conviene recordar que entre las empresas que forman Ecoembes están algunas de las principales cadenas de distribución y marcas que nos inundan de envases, algunas son las mayores contaminadoras internacionales con plásticos. El zorro cuidando del gallinero.
La situación en Milà es una muy mala noticia para la recuperación de residuos y puede dar al traste con las buenas prácticas. Es munición para los negacionistas del reciclaje y para quienes, por pereza, alimentan el mito de que separar es inútil porque al final, todo se mezcla.