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Una nueva era

El velo que me interpela

| Menorca |

El 17 de febrero «El País» publicó un artículo firmado por Najat El Hachmi que me inquieta sobremanera. No tanto por la polémica concreta del velo en un instituto, sino por todo lo que revela sobre la tensión entre educación, libertad y costumbres que llegan a nuestra sociedad desde tradiciones muy distintas. Lo leí con una mezcla de acuerdo y desasosiego, porque me obliga a preguntarme qué entendemos realmente por libertad cuando hablamos de mujeres jóvenes que crecen entre dos mundos.

En mi opinión, la educación no es solo transmisión de conocimientos, sino también un ámbito donde se construye una idea compartida de igualdad. Cuando una prenda cargada de significado religioso entra en el aula, deja de ser únicamente una decisión individual y pasa a interactuar con los valores colectivos que sostiene la escuela pública. No puedo evitar sentir que se mire como se mire,    el velo simboliza una herencia cultural que ha colocado históricamente a la mujer en una posición secundaria. Y eso me provoca inquietud, porque temo que normalicemos prácticas que, aunque presentadas como identidad, o religiosas, puedan esconder formas de desigualdad graves, que ya parecían superadas en la sociedad occidental.

No digo esto desde el rechazo a una religión concreta, ni desde el miedo al otro. Lo digo desde mi propia mirada de mujer que ha crecido en una sociedad que ha luchado durante décadas por conquistar espacios de autonomía: decidir cómo vestir, cómo amar, cómo pensar. Recuerdo a nuestras abuelas entrando en misa con la cabeza cubierta por un fino velo que parecía marcar un lugar discreto en el mundo; muchas de ellas, casi sin ruido y sin discursos grandilocuentes, acabaron dejándolo atrás. Y al hacerlo no renunciaron necesariamente a sus creencias ni a su fe, sino que encontraron una forma distinta —más libre y más íntima— de vivirlas. Tal vez por eso me preocupa que, en nombre de la libertad religiosa, acabemos relativizando derechos que han costado generaciones enteras. La libertad, para mí, no es sólo poder elegir, sino poder hacerlo sin presiones invisibles, sin expectativas familiares o comunitarias que condicionen desde la infancia.

También siento que hay un choque silencioso entre modelos culturales. Una sociedad que ha ido avanzando hacia la secularización observa cómo reaparecen símbolos que cuestionan ciertos consensos básicos sobre igualdad de género. No creo que todas las chicas que llevan velo lo hagan por imposición directa, pero tampoco creo que podamos ignorar el contexto social del que surge esa práctica. A veces, detrás de la defensa apasionada de una tradición, se esconde el miedo a perder control sobre el cuerpo y la libertad de las mujeres.

Me inquieta especialmente el papel de la educación islámica cuando se traslada a espacios públicos europeos. No porque exista una fe distinta, sino porque algunas interpretaciones culturales parecen entrar en conflicto con la idea de ciudadanía igualitaria que hemos construido. Siento que nuestros hábitos sociales cambian poco a poco: la forma de relacionarnos, de hablar de sexualidad, incluso de entender la autonomía individual. Y me pregunto si somos plenamente conscientes de esa transformación.

Sin embargo, también intento mirarme con honestidad. Tal vez mi inquietud nace del temor a retroceder, a perder una libertad que doy por sentada. Quizás exagero, pero prefiero reconocer ese miedo antes que ignorarlo. Creo que el reto no está en prohibir ni en imponer, sino en debatir abiertamente qué valores queremos proteger como sociedad y cómo acompañar a las jóvenes para que puedan decidir por sí mismas, sin cargas ni silencios, en total libertad.

Definitivamente no es solo una tela lo que veo, sino la sensación de que algo de lo que hemos construido se resquebraja en silencio, poquito a poquito. Pienso en las libertades que costaron años de lucha, en las voces que se alzaron para que ninguna mujer tuviera que ocultarse, y me invade el miedo de que, sin darnos cuenta, estemos retrocediendo justo en aquello que hemos conseguido con tanto esfuerzo y queremos seguir defendiendo para las sociedades venideras.

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