Desde la Revolución Industrial, en que las máquinas llegaron a nuestras vidas para hacernos más llevadera la vida diaria y el trabajo, no somos conscientes de la cantidad de máquinas que usamos a lo largo del día; pero hoy desperté pensando en ello, y le estuve dando vueltas hasta sentarme a escribir sobre el tema; cosa que hago precisamente sentada ante una máquina (mi ordenador).
Cuando nos levantamos, los cafeteros, necesitan un buen café, hecho de forma rápida por una pequeña máquina llamada cafetera eléctrica, para despertarse de verdad y empezar el día con mejor humor. Yo no tomo café, no me gusta y con el último que tomé, debe hacer unos cincuenta años, tuvieron que llevarme a urgencias. Se me disparó el corazón con una taquicardia severa; así que no he vuelto a probarlo en mi vida.
Pero sí que hay una pequeña máquina que me anima a comenzar la mañana con un chute de vitaminas, se trata de un exprimidor de naranjas eléctrico; ese zumo me da vida.
Enciendo mi radiador eléctrico para ducharme sin pasar frío; luego enciendo la tostadora para tostar un poco de pan. Pongo la lavadora cada dos o tres días; hago la comida en una cocina eléctrica. Un día a la semana enchufo la plancha, para que las camisas de mi marido se vean perfectas. Tengo una nevera que conserva fresca la comida y bebida. Si salgo a comprar subo las bolsas en el ascensor. Para ir a cualquier sitio un poco lejos de casa, uso mi coche; si necesito dinero voy al banco y utilizo un cajero. Mi móvil me acompaña siempre; la verdad es que casi no recuerdo cómo lo hacíamos cuando no existían los móviles, me gusta estar informada de lo que hace mi familia y amigos, y que ellos sepan donde ando yo. Por la tarde me siento en una butaca extensible (eléctrica, cómo no) a ver la tele, noticias, concursos y alguna serie... o película buena; anoche vi «Sirat» y el viernes vimos «Los domingos». Las dos han obtenido varios premios Goya, pero «Sirat» no me gustó, por la extrema dureza de sus escenas.
Lo que está claro es que el descubrimiento de la electricidad, provocó un aluvión de pequeñas... o grandes máquinas, como el secador de pelo. Así, en un día normal, he usado 16 máquinas diferentes.