Imaginemos por un momento que, semanas antes de la pandemia, de la que ahora cumplimos seis añitos, nos hubieran informado, desde el Gobierno, con el ánimo de tranquilizarnos, que teníamos reservas de papel higiénico para 90 días. Lejos de pensar que iba a llevar el culo limpio durante tres meses, se hubiera levantado del sofá, inmediatamente, para ir al super a cargar el carro de papel blanco enrollado para uso anal.
Lejos de relajar su esfínter confiando en la capacidad de reservas del Gobierno, se hubiera apresurado a que buena parte de esas reservas estuvieran almacenadas en su casa. Pasó, aunque nadie nunca nos advirtiera de lo que había guardado por si acaso y, sobre todo, nunca a nadie se le ocurrió que hiciera falta el papel de váter. Así fue y así lo vivimos en su día.
Pues imagínese como habrán bajado las reservas de carburante para su vehículo, calefacción o uso industrial ahora cuando al Gobierno se le ha ocurrido informar, para tranquilizarle, de que hay reservas derivadas del petróleo para tres semanas. Eso sí que es necesario, eso sí que sube rápidamente de precio.
Debe pensar el Gobierno que nadie almacenará combustible para que quede para los demás. El pánico es incontrolable, es como un gas inflamable que está ahí, latente, invisible pero que basta una chispa para que todo salte por los aires. Que parecen nuevos, joder.