Síguenos F Y T I T R
Hoy es noticiaEs noticia:
Una se acostumbra a todo

Arenilla en el ojo

| Menorca |

Si han visto la maravillosa película de David Lean «Breve encuentro» (1945) sabrán que si no fuera porque a la protagonista se le mete una arenilla en el ojo, no habría historia que contar. La verdad es que una simple arenilla en un ojo puede resultar algo muy molesto. Por mucho que te rasques o soples, a veces no hay manera de sacarla. Puedes tenerla durante horas, y entonces el ojo se te pone rojo, te pica y te hace ver borroso. Las lenguas denostadas deberían ser como una simple arenilla en el ojo. Porque la solución sería muy fácil: desaparecerían con un simple toque acertado de la puntita de un pañuelo. Pero resulta que no es así. Cuando una lengua molesta hay que atacarla con toda clase de insultos, desprecios y, en fin, humillaciones varias. Nuestra lengua, sin ir más lejos, es una arenilla de las gordas, que se expanden por todo el ojo sin dejar ni siquiera un diminuto rincón libre. Nuestra lengua es, para ciertos sectores muy ignorantes, un empreño y una molestia de dimensiones colosales. Se trata de algo muy excluyente y que dificulta la vida de la población.

Lo que algunos querrían -aunque no lo digan directamente y disimulen, como si estuvieran salvando la existencia de todos aquellos que no la conocen ni falta que les hace- sería prohibirla. Muerto el perro, muerta la rabia. Qué alivio y qué descanso sería. La gloria, sería. En todo caso, que resistiera como un pequeño rescoldo en los hogares, como lengua entrañable de andar por casa. Sí, puede que a esto accedieran (la lengua es parte de lo nostro…). Pero nada de vertebrar las escuelas, ni los parlamentos, ni las oficinas, ni los hospitales, ni nada. El titulito que proporciona a quienes la saben es, en realidad, como un trozo de papel higiénico usado. Ya solo queda tirar de la cadena. Y, zas, adiós muy buenas, arenilla. Hecho.

Sin comentarios

No hay ningún comentario por el momento.

Lo más visto