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Xerradetes de Trepucó

Llegadas las vacaciones ¡a jugar!

| Menorca |

Con estas palabras se daban por finalizados los días de Pasión. En la puerta del colegio Cervantes, situado entre el cine Victoria de Dª Margarita viuda de Catchot, propietario del local con su confitería, a la cual hubiese llamado pastelería el señor Palli, encargado del lugar. Ante todo siempre demostró ser un gran cocinero, que tanto se valoraba, todo se confeccionaba en las cocinas, excelente chef, albergando un trío de excelencias en aquellos momentos. Cocina, pastelería y confitería.

En la misma puerta del cole, nos despedíamos cada cual con sus expectativas de cómo pensábamos pasar la Semana Santa, la mayoría de días jugando por la calle. Para ello esta servidora y el grupo de niñas de la plaza San Roque estábamos dispuestas a disfrutarlas según el clima. Hubo años de abundante sol y un plácido bienestar. Juegos infantiles los había de todas clases. En ocasiones unos metros de cuerda eran más que suficientes para jugar a los divertidos juegos de siempre. El ‘cochecito leré’, ‘al pasar la barca’, muntanyeta més amunt, ‘giuli’, saltando a la cuerda, y otros que en este instante no recuerdo, incluso es posible que los haya escrito todos. ‘El corro de la patata’, también nos divertía, la charanga siempre gracias al señor Cosme Huguet zapatero remendón de oficio y a su vez prestigioso folklorista, que sin rechistar nos entregaba una suela de calzado per jugar a la tea o xaranga.

Así podría ir escribiendo cantidad de juegos todos divertidos con los que tanto nos divertíamos. Hubo años que por las mismas fechas, fue imposible salir a la calle, solíamos habilitar el taller de casa Gori donde el mecánico llenaba una vieja palangana de molinada y picón con unas ramas de romero cogidas en la Mola, encendiendo aquella especie de brasero para darnos algo de calor. Afuera fiblava es vent, sentadas sobre cajones y uno que servia de mesa jugábamos a recortables, en varias ocasiones celebramos bautizos de nuestros pequeños muñequitos de piedra. De aquellos que iban desnudos, llevaban pintados zapatos negros con calcetines y sus manitas simulando que llevaban guantes también blancos.

Tendría nueve o diez años la primera vez que hice lo que llamaban «vetla» a la guarda que se hacía en la capilla de las monjas carmelitas, ante Jesús Sacramentado. Aquello duró muchísimos años más, no lo recuerdo exactamente, tampoco se faltaba a los triduos ni a las exposiciones. Escuchando a los frailes carmelitas llegados con sus charlas tan enriquecedoras para la edad en que me encontraba.

De atreverme, les pediría permiso para continuar con infinidad de momentos que, si bien tal vez era petita, ya eran de mi agrado, sin olvidarme des replec de caramel·los des caraputxos.

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