Directo al grano... Hoy, en homenaje a la Semana Santa, saldremos en la procesión de la nostalgia y el recuerdo positivo. Hace unos días el amigo Toni Hernández (excompañero de La Salle-Mahón, amigo cofrade de La Sang, expresidente del Club Marítimo de Mahón e hijo d’En Toniet, es practicant) me mandó una foto de nuestra clase de La Salle a raíz de mi último artículo sobre la libertad de enseñanza. La foto nos devuelve a 1959, a nuestros tiernos diez años. En la imagen aparecen chicos a los que hace muchos, muchos años que no veo. Reconozco a Obrador, Orfila, Vicente, Mercadal, Femenías, Olives, Chiva, Moragues, Nadal, Palmer, Hernández, Aracil, Díaz, Saura, Gelabert... pero no a todos. Lo siento. Eran tiempos del Hermano Antonio y demás, años en los que celebrábamos el Mes de Mayo, el mes de María (»Venid y vaaamos toodos con flooores a Marííía...») en la capilla del Colegio, siempre adornada, efectivamente, con flores preciosas. Tiempos en los que celebramos la Primera Comunión en la Iglesia del Carmen vestidos de marineritos (cuando el lugar aún no se había convertido en sede de una célula comunista en la Transición) y tiempos de excursiones en autobús a las dunas de S’Arenal d’en Castell y Son Saura. Años de bajar al puerto con el ‘Melis’ para nadar en los espigones de madera del Club Marítimo. Años en los que se cumplían las tradiciones. Tiempos felices.
Ninguno de nosotros éramos conscientes de que vivíamos en una dictadura y nadie se interrogaba sobre qué idioma hablábamos. Gracias a Dios no vivíamos en un tocho forastero despersonalizado sino en «una ciudad hermosa y galante». Era cuando Mahón era una ciudad industrial con fábricas y talleres de bisutería por todas partes. Cuando la ciudad era un baluarte militar y cuando existía vida en el fútbol mahonés con aquella maravillosa rivalidad Unión-Menorca. Eran buenos tiempos. Había trabajo y vivienda para todos.
Después del paréntesis de mis cuatro años de internado en los Escolapios de Sarriá, Barcelona, (donde formé un dúo musical con el hijo del alcalde de Camprodón, Gerona, J.M. Güell Rous) comenzamos el Bachillerato en el Instituto de Mahón. Eran los inicios del Dúo Dinámico y de la Bodega Victoria, lugar donde todo sucedía. Un poco más abajo, en la misma calle, estaba sa bodega des català, y en la calle Anuncivay la Bodega Martínez, de una cutrez incalculable donde medio Regimiento de Infantería nº 46 del cuartel de Santiago iba a abrevar, a jugar al futbolín y a comer cacahuetes. Todavía existía en la ciudad el llamado barri de putes y el Trocadero era un lugar siempre concurrido por los necesitados de la época.
Luego ya vinieron los años de Los Brincos y los Sirex-Mustang (y Gelu, y Lita Torello, y José Guardiola,... y la Yenka) anfitriones de la posterior invasión del rock-blues británico. Y comenzó el interés por las chicas, claro. En los balls de casa se reprimía la timidez y se aprendía a ligar y a arrimarse al peligro, enseñanzas que más tarde, con el tiempo y ya veinteañeros, practicaríamos seriamente. En nuestra clase (mixta, claro) se formaron varias parejas que se ayudaron mutuamente a transitar por los vericuetos de la adolescencia. Fue cuando se nos despertaron los sentimientos y deseos hacia el género contrincante, ese que nos complementa aunque nos chinche injustamente.
Muchos recordamos la celebración de los «25 años de paz» del franquismo, aquel autobombo cierto. El pasado fin de semana lo pasamos en casa de unos amigos catalanes cerca de Llivia (tierra española dentro de Francia, al lado de Puigcerdá-Boug.Madam). Recordamos las vivencias del franquismo comparándolas con los tiempos actuales. Ellos, catalanistas puros pero sensatos, amigos que, a diferencia de los colonialistas locales, respetan las peculiaridades de nuestro menorquí, no dudaron en reconocer que Franco hizo muchas cosas que beneficiaron a los ciudadanos de su época. Estuvimos de acuerdo en que es lamentable la manipulación de un tiempo que no fue lo que dicen las fuentes oficiales sino uno en el que mucha gente vivió perfectamente feliz aunque «no se podía decir nada, pero sí hacerlo todo». Eso no es franquismo nostálgico sino contar la verdad. Sí, en nuestra infancia, adolescencia y primera juventud no lo pasamos tan mal.
Notas:
1- Mis condolencias públicas a Bep Caules, apreciado compañero del CIR 14. La iglesia de Sant Rafel de Ciutadella estuvo abarrotada para despedir a su mujer. DEP.
2- Jueves 26: Me llama un amigo todo exaltado: ¡Arcadi es Ministro, Arcadi es Ministro...! Le digo: cálmate y fíjate bien, no es Arcadi Espada es Arcadi España. ’Ooooooooh!. Solo por una D...
3- ¿Por qué el Ayto. de Mahón ha dado la obra del ascensor de la Isla del Rei a una empresa mallorquina y no a las menorquinas que se presentaron?
4- A un amigo: Que conste que en mis textos originales yo escribo Méjico, no México.
5- ¿No han visto bailar a Célandine Payet o a Estelle Bliah? Si quieren alegrarse la vida vean sus ‘Reels’.
6- Todo el colonialismo lingüístico subvencionado isleño ha salido al pito de ¡ya! para obstaculizar la defensa des nostro menorquí como propone el CIM. Quina pena! Que trist!