No se me alcanza a comprender el ansia de algunos en querer ser, o en seguir siendo, presidentes del gobierno, pongo por caso al señor Sánchez, al que le ha dedicado la oposición más ofensas de las que vienen recogidas en el diccionario de la Real Academia de la Lengua, incluso hay por ahí quien le ha llamado «hijo de puta» y luego lo quiso encubrir diciendo que lo que dijo es «que le gusta la fruta». Lo mismo se cree esa persona que somos idiotas, a eso se le dice «echar el gato a las barbas». Más le valiera recordar lo que dijo Cánovas del Castillo: «con la patria se está, con razón o sin ella». Yo soy más de estar por casa, por eso digo que ¡ya son ganas! de querer seguir en el cargo y encima, por si los insultos no fueran suficientes, se lanza continuamente la amenaza entre una cosa y otra, de «encalomarlo» en juicios de variada naturaleza y consecuencias tanto personales como políticas. No sé por qué será que el uso de la calumnia es tan atractivo para políticos de medio pelo que se pasean por los telediarios como si fueran el Faro de Occidente. Bueno, los hay y las hay, que se creen ser el dedo de Dios.
Sepa usted señor presidente que el diapasón del vocerío ofendedor, si repite usted candidatura, no solo no va a amainar, lo más seguro es que suceda todo lo contario.
Señor Feijóo, como no ignora ya sabe usted qué, doña Cuca se apresuró a decir por televisión que ustedes ganaron aquellas elecciones. Se conoce que la aritmética parlamentaria no la domina muy bien. No me extraña que ese revés generase frustración, que suele traducirse en su caso, como así ha sido, en un activo y perverso comportamiento hacia quienes injustamente se señalan como los okupas de la Moncloa. Los que saben estas cosas dicen «que cuando las barbas del vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar». Traducido podría ser que esos insultos o parecidos, se los lanzarán a usted señor Feijóo si llega usted a ser presidente del gobierno. En eso de las descalificaciones y los insultos, déjeme que le diga a ese desatado que no hace falta nombrar, que más le valiera que se aprendiera que una cosa es tener la razón política y otra es tener la razón moral. Un político de categoría es frecuente que reúna ambas premisas, entre otras cosas es lo que demanda el votante y no esa crispación absurda completamente improductiva, a la hora de corregir los desafueros cotidianos. Usted señor Feijóo tiene una larga experiencia y sabe que gobernar crea siempre descontentos. Sabe también que no se puede estar en «misa y repicando» y que la ética política es una facultad inestable.
De pronto, sin saber por qué, se le cruza en su legislatura una pandemia desconocida pero capaz de generar una mortandad entre la población. Sin haberse recuperado de ese trauma, se presenta una Dana de luctuosas consecuencias y graves pérdidas humanas y económicas. Al mismo tiempo, asoma la gaita un pésimo exministro con su correveidile al lado, dispuestos a arramblar con los beneficios que da alguna mercancía sanitaria. En esas se deja sentir de forma inimaginable, las gravísimas consecuencias del cambio climático, anegándolo todo cuando aun no se ha socorrido económicamente esa parte de la población a los que los voraces incendios dejaron arruinados. Si distrae su señoría unos minutos para repasar el tiempo presidencial del señor Sánchez, se dará cuenta que la suya ha sido una época de lo más movida y muy dura. Si algún día es usted investido presidente, le convendría repasar bien la trayectoria de su predecesor y verá que ser presidente es un estado áspero como el sayal de un fraile cuyo ceñidor es el parlamento, la oposición y el contribuyente, amén.