Soy propenso a divagar, muy aficionado, aunque procuro regresar al asunto en cuestión después de un cierto vagabundeo, con rodeos y disquisiciones que no vienen a cuento, porque cuanto más inesperada y retorcida es la desviación del asunto (divagar es desviarse), más gusto da esa dispersión, y más meritorio regresar a lo que sea que estábamos diciendo. Que por cierto no era para tanto y a menudo una mera excusa para las divagaciones. Esta afición divagatoria me viene de niño porque, al no oír nada, siempre estaba totalmente perplejo y la perplejidad es una gran fuente de divagaciones, fomenta mucho el arte del merodeo y el vagabundeo sobrevenido. Y se nota que con los años mi perplejidad siguió conmigo, como si fuera un órgano interno, el uso de audífonos incluso la incrementó porque ya de mayor, y no digamos de vejestorio, sigo vagando y divagando con fruición, con oficio y soltura, aunque eso sí, mantengo el principio moral de regresar al punto de partida tras muchos circunloquios, como si no hubiese pasado nada (no ha pasado nada). De lo contrario, si no cierras la divagación, no has divagado. Se te ha ido la olla, que es diferente. El diccionario define divagar como separarse del asunto que se trata, lo que exige la existencia previa de un asunto a tratar, salvo que el asunto sea como ahora las propias divagaciones en sí porque entonces incurriríamos en la paradoja de Russell, también llamada paradoja del barbero, que puso patas arriba las matemáticas y la lógica. No pasó nada, siguen lógicamente patas arriba. En lo referente a escritura, el diccionario añade que divagar es escribir sin propósito fijo y determinado, que es lo que sucede si desde niño estás totalmente perplejo, ya por no oír nada, ya por oír según qué. Puede que ahora piensen que he logrado cerrar con éxito la divagación volviendo a la perplejidad, pero mi perplejidad, con ser notable, no era exactamente el tema. No le importa a nadie, ni siquiera a mí. El tema, como reza el título, son las divagaciones. Escribir sin ningún propósito fijo y determinado. Para mí, y para los clásicos chinos, la única forma seria de escribir. Qué disparate pretencioso, tener propósitos fijos.
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