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Michael Douglas no consigue comprador para su casa de Nueva York: rebaja su mansión 2 millones después de renunciar a vender s'Estaca en Mallorca

El matrimonio con Catherine Zeta-Jones tiene una casa construida en 1929 en el pueblo costero Irving y de casi 5 hectáreas

Michael Douglas durante una entrevista en Valldemossa. | Foto: Julián Aguirre

| Palma |

Michael Douglas y Catherine Zeta-Jones han reducido nuevamente el precio de su mansión Longmeadow, situada en el pueblo costero de Irving (Nueva York), hasta los 9,75 millones de dólares. Esta decisión supone un nuevo revés inmobiliario para el actor, que previamente intentó sin éxito vender su emblemática finca s'Estaca en Mallorca. La propiedad neoyorquina, adquirida por el matrimonio en 2019 por 4,5 millones de dólares, salió al mercado en junio de 2024 por 12 millones tras una reforma integral.

El matrimonio Douglas-Zeta-Jones puso inicialmente a la venta la residencia por 12 millones de dólares el pasado verano, pero la falta de compradores les llevó a rebajar el importe hasta 10 millones en 2025. Actualmente, la mansión se ofrece por 9,75 millones de dólares, lo que representa una reducción de 2,25 millones respecto al precio inicial. Este segundo intento fallido en el sector inmobiliario recuerda al caso de s'Estaca, la finca mallorquina que Douglas compró en 1990 por 3,5 millones de dólares y que intentó vender primero por 60 millones de euros en 2014, rebajando posteriormente hasta 32 millones en 2019 sin encontrar comprador.

Características de la mansión Longmeadow en Irving

La propiedad construida en 1929 se extiende sobre casi cinco hectáreas de terreno con vistas privilegiadas al río Hudson. La residencia, que ha sido completamente restaurada con una estética moderna, cuenta con ocho habitaciones, todas ellas equipadas con baño privado, además de doce cuartos de baño en total. La mansión destaca por su diseño fresco y contemporáneo que respeta la estructura original de la construcción centenaria. El acceso principal conduce a una galería interior que da paso a la zona de día, mientras que el primer piso se abre a una amplia terraza al aire libre.

Desde esta terraza, una elegante escalera desciende hasta el jardín de la propiedad. El nivel inferior de la vivienda alberga diversas estancias destinadas al ocio y el bienestar, incluyendo salas de recreación y juegos, un gimnasio completamente equipado, una cocina de verano, un baño completo y una piscina cubierta climatizada. Longmeadow ha pertenecido a diversos propietarios destacados a lo largo de su historia. Entre los antiguos dueños figura Charles Lewis Tiffany, fundador de la prestigiosa joyería Tiffany & Co., así como la familia Matthiesen, conocidos comerciantes del sector azucarero. Esta trayectoria de propietarios ilustres añade un valor histórico adicional a la propiedad, aunque no parece haber facilitado su venta en el mercado actual.

El precedente de s'Estaca en Mallorca

La finca mallorquina s'Estaca representa otro fracaso inmobiliario significativo de Michael Douglas. Situada en Valldemossa, la propiedad experimentó una notable revalorización desde su adquisición en 1990. El actor intentó venderla en 2014 por 60 millones de euros, una cifra que reflejaba el aumento del valor de las propiedades de lujo en la isla balear durante esas décadas. Ante la ausencia de ofertas satisfactorias, Douglas rebajó el precio hasta 32 millones de euros en 2019, pero finalmente optó por retirar la finca del mercado inmobiliario.

La decisión de mantener s'Estaca permitió a la familia continuar disfrutando de la propiedad, especialmente durante los meses de verano. La finca ha sido objeto de extensas reformas que han respetado el encanto característico de la arquitectura tradicional mallorquina. La presencia de Douglas en Valldemossa se ha convertido en algo habitual, y cada año el matrimonio disfruta de esta vivienda cuando suben las temperaturas. Las reformas realizadas a lo largo de los años han adaptado la propiedad a los gustos y necesidades de la familia, manteniendo siempre la esencia de la construcción original.

El mercado inmobiliario de lujo en Estados Unidos

El caso de la mansión de Irving refleja las dificultades actuales del mercado inmobiliario de alto standing en Estados Unidos. Las propiedades de varios millones de dólares están experimentando periodos de venta más prolongados, lo que obliga a los vendedores a realizar ajustes de precio para atraer compradores potenciales. La zona del río Hudson, pese a su atractivo paisajístico y su proximidad a Nueva York, no escapa a esta tendencia del sector. Las sucesivas rebajas aplicadas por el matrimonio Douglas-Zeta-Jones evidencian la necesidad de ajustar las expectativas de precio a la realidad del mercado.

La reforma integral realizada en la propiedad, que presumiblemente incrementó su valor, no ha sido suficiente para alcanzar el precio inicialmente esperado por los vendedores. Aunque el matrimonio adquirió la propiedad por 4,5 millones de dólares en 2019, llevaron a cabo una reforma integral antes de ponerla a la venta. El coste exacto de estas obras de renovación no ha trascendido públicamente, pero la diferencia entre el precio de compra y el precio de venta inicial sugiere una inversión considerable en la modernización y mejora de las instalaciones.

La actualización de la mansión incluyó la modernización de los ocho dormitorios con baño privado, la renovación de las zonas comunes y la rehabilitación de los espacios exteriores. Las instalaciones de ocio del nivel inferior, incluyendo la piscina climatizada y el gimnasio, forman parte de estas mejoras que buscaban incrementar el atractivo de la propiedad en el mercado de lujo. Varios factores pueden explicar las dificultades para encontrar comprador en el segmento de lujo inmobiliario.

El precio, aunque rebajado, sigue situándose por encima de los 9 millones de dólares, lo que limita considerablemente el número de compradores potenciales. Además, el mantenimiento de una propiedad de casi cinco hectáreas supone costes operativos significativos que no todos los compradores están dispuestos a asumir. La ubicación en Irving, aunque ofrece vistas espectaculares al río Hudson, puede resultar demasiado alejada para compradores que buscan proximidad inmediata a Manhattan. Otros factores incluyen las condiciones del mercado crediticio, las tasas de interés y la preferencia creciente por propiedades de menor tamaño y mantenimiento más sencillo entre los compradores de alto poder adquisitivo.

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