Una creencia extendida entre conductoressugiere que el aceite negro del motor indica un mal estado del lubricante. Sin embargo, esta idea, compartida frecuentemente en redes sociales y foros de automoción, acaba de ser desmentida categóricamente por un profesional del sector. La realidad del mantenimiento automotriz es mucho más compleja de lo que aparentan las imágenes virales que circulan por internet. Juan José Ebenezer, mecánico con amplia experiencia en el sector, ha decidido pronunciarse públicamente sobre este malentendido generalizado tras observar fotografías engañosas que circulan en internet. Según su testimonio en 2025, el cambio de coloración del lubricante es un proceso natural que no implica necesariamente un deterioro de sus propiedades protectoras para el motor.
El profesional afirma rotundamente que el aceite puede ponerse negro y mantener perfectamente sus cualidades. Esta transformación cromática responde a la función principal del lubricante: limpiar el motor internamente y arrastrar partículas y residuos de la combustión. Lejos de ser una señal de alarma, el oscurecimiento demuestra que el aceite está cumpliendo correctamente su labor de limpieza.
La distinción entre tipos de motorización resulta fundamental para comprender este fenómeno. Los motores diésel ensucian mucho más el aceite que los de gasolina debido a las características propias de su combustión. Este proceso genera mayor cantidad de hollín y residuos carbonosos que inevitablemente tiñen el lubricante de color oscuro en menos tiempo. Por el contrario, en los vehículos de gasolina es normal que el aceite aguante mucho más tiempo manteniendo un tono claro o ámbar. Esta diferencia no implica que uno sea superior al otro, simplemente refleja los distintos procesos de combustión y las particularidades técnicas de cada tecnología de motorización.
Ebenezer es claro al establecer los verdaderos criterios para determinar cuándo el aceite está realmente malo. El deterioro real del lubricante no viene determinado por su color, sino por dos factores concretos y medibles: el kilometraje recorrido y el tiempo transcurrido desde el último cambio. El aceite está malo cuando se superan los intervalos de mantenimiento recomendados por el fabricante del vehículo. Estos períodos varían según el tipo de motor, las condiciones de uso y las especificaciones técnicas del lubricante empleado. Generalmente, los intervalos oscilan entre los 10.000 y 30.000 kilómetros, aunque algunos aceites sintéticos de última generación permiten extensiones mayores.
El mecánico matiza que más que estar «malo» en sentido estricto, lo que ocurre es que el lubricante deja de ser seguro para la protección óptima del motor. Sus aditivos se degradan, su viscosidad puede alterarse y su capacidad para prevenir el desgaste de componentes internos disminuye progresivamente.