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José Manuel Felices, médico, sobre crujirse los dedos: «No se ha demostrado que sea malo»

El experto explica el fenómeno que molesta al igual que engancha y revela el curioso experimento que ganó un premio IG Nobel

Felices ha compartido la información en redes sociales

| Palma |

Durante décadas, madres y abuelas de todo el mundo han advertido sobre los supuestos peligros de crujirse los dedos. Sin embargo, la ciencia moderna ha desmentido categóricamente este mito popular. El médico José Manuel Felices ha salido al paso para aclarar esta cuestión que preocupa a millones de personas, afirmando rotundamente que no se ha demostrado que sea malo para la salud de las articulaciones. La creencia popular asociaba este hábito con el desarrollo de artritis, deformaciones en las manos o problemas articulares a largo plazo. Sin embargo, ninguna investigación científica rigurosa ha conseguido establecer una relación causal entre crujirse los nudillos y el deterioro articular. Esta revelación médica ha sorprendido en España y otros países donde persiste el temor a este gesto tan común.

La afirmación del doctor Felices no es una opinión aislada, sino que se sustenta en numerosos estudios científicos realizados durante las últimas décadas. Entre ellos destaca un experimento particularmente curioso que terminó ganando un reconocimiento científico internacional, aunque de naturaleza humorística, que ha ayudado a desterrar definitivamente esta creencia infundada. La historia más fascinante relacionada con este tema protagoniza el médico estadounidense Donald Unger, quien decidió convertir su propia mano en un laboratorio viviente. Motivado por el deseo de llevarle la contraria a su madre, quien insistía en que crujirse los dedos provocaría artritis, Unger diseñó un experimento de larga duración que se extendería durante seis décadas completas.

El protocolo experimental era simple pero efectivo: se crujió los dedos de la mano izquierda todos los días durante 60 años, mientras que nunca realizó esta acción con los dedos de la mano derecha. Este autoexperimento, aunque carente del rigor de un ensayo clínico controlado, proporcionó datos valiosos sobre los efectos a largo plazo de este hábito tan extendido. Una vez transcurridos esos 60 años de constancia inquebrantable, Unger procedió a evaluar el estado de ambas manos mediante exámenes médicos exhaustivos. Los resultados fueron concluyentes: no había diferencias ni de dolor ni de desarrollo de artrosis entre la mano izquierda, constantemente «crujida», y la derecha, que había permanecido intacta durante todo ese tiempo.

Este singular esfuerzo científico no pasó desapercibido para la comunidad académica internacional. En reconocimiento a su peculiar investigación, Unger consiguió ganar el premio IG Nobel en el año 2009, una simpática variante del prestigioso galardón concedida por la Universidad de Harvard a logros científicos que primero hacen reír y luego hacen pensar. Los premios IG Nobel celebran investigaciones divertidas e imaginativas que, pese a su apariencia humorística, aportan conocimiento genuino.

La explicación científica del sonido

Si crujirse los dedos no provoca daños articulares, surge inevitablemente la pregunta: ¿Qué causa ese característico sonido de chasquido que resulta tan molesto para algunas personas? La ciencia ha proporcionado respuestas cada vez más precisas a este fenómeno acústico que genera reacciones tan diversas. La explicación más aceptada actualmente en la comunidad médica es que el sonido se debe al movimiento de burbujas de gas que aparecen en el líquido sinovial de las articulaciones. Este fluido lubrica las articulaciones y, cuando se realizan movimientos rápidos o se estiran las cápsulas articulares, la presión dentro de la articulación disminuye bruscamente.

Esta reducción súbita de presión provoca que los gases disueltos en el líquido sinovial formen burbujas mediante un proceso conocido como cavitación. La formación o colapso de estas burbujas genera el característico chasquido que asociamos con crujirse los dedos. Este fenómeno es completamente inofensivo y forma parte del funcionamiento normal de las articulaciones. Un detalle interesante es que, una vez producido el chasquido, esa burbuja desaparece en unos pocos minutos, y hasta que no se disipe completamente no será posible volver a producir el sonido en la misma articulación. Este período refractario explica por qué no podemos crujir repetidamente los mismos dedos de forma inmediata.

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