Una nueva modalidad de estafa bancaria está poniendo en jaque a miles de usuarios de servicios de transferencia instantánea en toda España. El modus operandi es tan simple como efectivo: un desconocido envía dinero a tu cuenta y, minutos después, te contacta alegando un error y solicitando la devolución inmediata del importe. Lo que parece un gesto honesto esconde una trampa peligrosa que puede convertirte en cómplice involuntario de un delito financiero.
El fraude aprovecha la buena fe de los ciudadanos y la rapidez de las operaciones digitales actuales. Cuando recibes ese pago inesperado y decides devolverlo, estás transfiriendo tu propio dinero a los delincuentes. ¿La razón? El dinero inicial procedía de cuentas bancarias comprometidas o robadas, y cuando el propietario legítimo denuncie el cargo no autorizado, la entidad bancaria revertirá esa primera operación, dejándote sin el dinero que devolviste de tu propio bolsillo.
Anatomía de una estafa digital
El esquema fraudulento sigue un patrón claramente establecido. Primero, los estafadores acceden ilegalmente a credenciales bancarias mediante técnicas de phishing, malware o compra de datos en la dark web. Una vez tienen control sobre cuentas ajenas, realizan múltiples transferencias pequeñas a números de teléfono.
El segundo paso implica el contacto directo con la víctima. Los delincuentes se presentan como personas despistadas que han enviado dinero por error al número equivocado. Utilizan mensajes convincentes, a menudo acompañados de historias emotivas. La presión psicológica y el sentido de urgencia son fundamentales en su estrategia.
Finalmente, cuando la víctima accede a devolver el importe, está realizando una transferencia legítima desde su propia cuenta hacia la de los estafadores. Días o semanas después, cuando el titular original de la cuenta comprometida detecta los movimientos irregulares y los denuncia, el banco procede a anular aquellas transacciones fraudulentas. Sin embargo, la devolución que hizo la víctima es irreversible, resultando en una pérdida económica real.