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Así debes salir del coche si te encuentras atrapado en una riada, según la Guardia Civil

Las autoridades alertan sobre el peligro mortal de las inundaciones repentinas: 40 centímetros bastan para arrastrar un coche

La Guardia Civil ha compartido el protocolo en redes sociales

| Palma |

Las riadas y crecidas repentinas de cauces representan uno de los mayores peligros para conductores en España, especialmente durante episodios de lluvias torrenciales. En los últimos años, las autoridades han intensificado sus campañas de concienciación tras constatar que muchas víctimas mortales podrían haberse evitado siguiendo protocolos básicos de actuación. La Guardia Civil ha confirmado oficialmente las pautas que pueden salvar vidas cuando un conductor queda atrapado en su vehículo durante una inundación súbita.

El escenario puede presentarse de manera alarmantemente rápida: una carretera aparentemente transitable se convierte en cuestión de minutos en una trampa mortal con agua corriente. Los expertos en emergencias advierten que la percepción del riesgo suele ser engañosa, y muchos conductores subestiman la fuerza del agua en movimiento. Lo que parece un charco superficial puede ocultar corrientes capaces de desplazar un vehículo con ocupantes en su interior.

La regla de los 40 centímetros que puede salvarte la vida

Uno de los datos más sorprendentes que las autoridades repiten insistentemente es que con tan solo 40 centímetros de altura de agua en movimiento, un automóvil convencional puede ser arrastrado por la corriente. Esta cifra, que muchos ciudadanos desconocen, resulta fundamental para evaluar correctamente el riesgo antes de tomar decisiones potencialmente fatales. La física detrás de este fenómeno es implacable: el agua en movimiento ejerce una presión considerable sobre la superficie lateral del vehículo. Un turismo medio pesa entre 1.200 y 1.500 kilogramos, pero la fuerza de una corriente de agua puede superar ampliamente la fricción de los neumáticos con el asfalto. Además, el efecto de flotación reduce progresivamente el peso efectivo del coche a medida que el agua sube, facilitando que sea desplazado.

Los ingenieros especializados en hidráulica explican que la velocidad del agua multiplica exponencialmente su capacidad destructiva. Una corriente que circula a 10 kilómetros por hora puede generar presiones suficientes para mover vehículos, mientras que velocidades superiores convierten cualquier automóvil en un objeto a la deriva sin control.

Cuando un conductor se da cuenta de que ha quedado atrapado en medio de una riada, cada segundo cuenta. El protocolo oficial establecido por la Guardia Civil comienza con una acción que puede resultar contraintuitiva pero es vital: abrir inmediatamente las ventanillas del vehículo. La razón técnica es clara: a medida que el agua rodea el automóvil, la presión exterior dificulta enormemente la apertura de puertas. Las ventanillas eléctricas pueden fallar si el sistema eléctrico se ve comprometido por el agua. Por ello, los expertos recomiendan bajar los cristales en cuanto se detecte peligro inminente, antes de que el nivel del agua alcance los mecanismos de las puertas.

Si las ventanillas no responden o ya es demasiado tarde para abrirlas, las autoridades indican sin ambigüedad que hay que romper el cristal. Para esta tarea resultan útiles objetos contundentes y duros como el reposacabezas metálico del asiento, que puede extraerse y utilizarse para golpear las esquinas de las ventanillas laterales, donde el vidrio es más vulnerable. Un aspecto crucial del protocolo oficial es la instrucción de abandonar todas las pertenencias.

En situaciones de pánico, muchas personas pierden segundos preciosos intentando recuperar bolsos, teléfonos móviles o documentos. La Guardia Civil es tajante: ningún objeto material vale una vida humana. La prioridad absoluta es evacuar el habitáculo y alejarse del vehículo lo antes posible.

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