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La OCU alerta del peligro de usar papel sobre placas de inducción para evitar rayaduras

El truco viral en redes sociales para proteger las vitrocerámicas puede provocar incendios por autoinflamación del papel al superar los 200 °C

El truco viral en redes sociales para proteger las vitrocerámicas puede provocar incendios por autoinflamación del papel al superar los 200 °C | Foto: Pexels

| Palma |

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha lanzado una advertencia sobre un truco que se ha viralizado en redes sociales y que consiste en colocar papel entre la placa de inducción y los recipientes de cocina. Esta práctica, que muchos usuarios han adoptado para evitar arañazos en el cristal de sus vitrocerámicas y reducir la frecuencia de limpieza, entraña riesgos significativos de incendio que los consumidores deben conocer. Durante las últimas semanas, múltiples vídeos en plataformas como TikTok e Instagram muestran cómo numerosos usuarios españoles interponen hojas de papel común entre sus placas de inducción y las sartenes o cacerolas. La justificación de quienes promueven este método se basa en la creencia de que, al no calentarse directamente la superficie de cristal de estas placas, no existe peligro alguno al emplear este material. Sin embargo, esta percepción resulta errónea y potencialmente peligrosa para la seguridad doméstica.

La realidad del funcionamiento de las placas de inducción desmonta por completo la supuesta seguridad de este truco casero. Aunque el cristal de la vitrocerámica permanece relativamente frío durante el proceso de cocción, el recipiente metálico sí alcanza temperaturas muy elevadas que pueden transmitirse a cualquier material en contacto con él, incluido el papel situado debajo. El mecanismo de funcionamiento de una placa de inducción se basa en la emisión de ondas electromagnéticas que interactúan exclusivamente con recipientes que posean un fondo magnetizable, generalmente de hierro o acero inoxidable ferromagnético. Estas ondas provocan corrientes eléctricas en el metal del recipiente, lo que genera calor por efecto Joule. Así, la propia sartén o cazuela se convierte en la fuente de calor, no la placa en sí misma.

Este calor generado en el recipiente se transmite en múltiples direcciones: hacia arriba para cocinar los alimentos, pero también hacia abajo, hacia la superficie de la placa y, por supuesto, hacia cualquier material que se encuentre interpuesto entre ambas superficies. Aquí radica el principal peligro del papel común. El papel celulósico convencional puede arder por autoinflamación a partir de aproximadamente 233 °C, sin necesidad de que exista una llama directa. Esta temperatura no resulta difícil de alcanzar en condiciones habituales de cocina: al calentar aceite para freír, al preparar un sofrito intenso o si se nos seca un guiso por descuido, el fondo de la sartén puede superar fácilmente los 200 °C. En esas circunstancias, el papel situado debajo recibiría ese calor por conducción directa y podría inflamarse.

No es casual que la OCU haya decidido pronunciarse sobre este asunto. Los propios fabricantes de placas de inducción incluyen advertencias en sus manuales de usuario desaconsejando expresamente colocar cualquier tipo de material entre la superficie de la placa y los recipientes de cocina. Estas recomendaciones responden a estudios de seguridad y pruebas realizadas en laboratorio que confirman el riesgo real de combustión.

El papel de aluminio tampoco es una alternativa segura

Ante la advertencia sobre el papel común, muchos usuarios se plantean si el papel de aluminio podría ser una alternativa más segura, dado que este material no es inflamable en el sentido tradicional. La OCU también se ha pronunciado al respecto con claridad: el aluminio tampoco debe utilizarse sobre placas de inducción. La razón es diferente pero igualmente importante. Al tratarse de un material metálico, el papel de aluminio puede interactuar con las ondas electromagnéticas emitidas por la placa de inducción. Esta interacción puede provocar que el propio papel se caliente de forma directa, generando chispas o incluso quemándose. Además, el aluminio puede dañar la superficie de cristal de la placa o interferir con el correcto funcionamiento del sistema de detección de recipientes que incorporan estos electrodomésticos.

Por la misma razón, se debe evitar dejar cucharas, espátulas u otros utensilios metálicos descansando sobre la superficie de la placa mientras se cocina, aunque no estén directamente sobre una zona activada. Las ondas electromagnéticas pueden extenderse más allá del área específica de cocción y calentar objetos metálicos cercanos. La preocupación por mantener limpia y en buen estado la placa de inducción es comprensible, dado que se trata de electrodomésticos con un coste significativo. Sin embargo, existen métodos seguros y eficaces para su mantenimiento que no implican riesgos.

La recomendación principal consiste en limpiar la placa después de cada uso, esperando a que la superficie se haya enfriado lo suficiente para poder tocarla sin quemarse. Una bayeta húmeda con un poco de detergente suave resulta suficiente para eliminar salpicaduras recientes y restos de grasa. La limpieza inmediata evita que la suciedad se incruste y se endurezca, lo que facilitaría la aparición de rayones al intentar retirarla posteriormente. Cuando la placa presenta suciedad más persistente o restos adheridos, existen en el mercado productos específicos para vitrocerámicas y placas de inducción. Estos limpiadores están formulados para disolver la grasa y los residuos sin generar arañazos en el cristal. Se aplican con una bayeta suave o un estropajo específico no abrasivo, realizando movimientos circulares suaves hasta eliminar la suciedad.

Para raspar restos muy adheridos, como gotas de comida quemada o derrames de azúcar, se recomienda utilizar un rascador específico para vitrocerámicas, que incorpora una cuchilla en un ángulo determinado que permite retirar la suciedad sin dañar el cristal. Este utensilio debe emplearse con la placa completamente fría y en el ángulo adecuado. Si la preocupación principal es evitar arañazos en la superficie de cristal, la mejor prevención consiste en utilizar recipientes con fondos limpios y lisos, sin deformaciones ni restos adheridos que puedan rayar al deslizar la sartén o cazuela. Levantar los recipientes en lugar de arrastrarlos reduce significativamente el riesgo de rayar la placa.

Algunos usuarios se preguntan si existe algún tipo de protector que sí pueda utilizarse de forma segura. La OCU menciona que el papel de horno o papel vegetal, diseñado para resistir altas temperaturas en el horno (generalmente hasta 220-250 °C), podría emplearse con extrema precaución. Sin embargo, esta solución tampoco está exenta de riesgos, ya que si se alcanza la temperatura límite del material, también puede llegar a quemarse o chamuscarse. En cualquier caso, si se opta por utilizar papel para hornear, resulta imprescindible no descuidar la cocción y controlar las temperaturas, especialmente al calentar aceite o al realizar cocciones largas que puedan secar los alimentos y elevar excesivamente la temperatura del recipiente. Esta opción debe considerarse una excepción ocasional y no una práctica habitual.

Qué son las placas de inducción y cómo funcionan

Las placas de inducción representan una tecnología de cocción relativamente reciente que se ha popularizado en los hogares españoles durante las últimas dos décadas. A diferencia de las vitrocerámicas tradicionales, que calientan mediante resistencias eléctricas situadas bajo el cristal, las placas de inducción generan campos electromagnéticos de alta frecuencia mediante bobinas de cobre. Estos campos magnéticos sólo interactúan con materiales ferromagnéticos, es decir, aquellos que pueden ser magnetizados, como el hierro fundido, el acero esmaltado o el acero inoxidable ferromagnético. Cuando se coloca un recipiente compatible sobre la zona de cocción activada, las ondas electromagnéticas inducen corrientes eléctricas en el fondo del recipiente, que generan calor por resistencia eléctrica directamente en el metal.

Esta tecnología ofrece múltiples ventajas: mayor eficiencia energética, ya que el calor se genera directamente donde se necesita; mayor rapidez en el calentamiento; y mayor seguridad, puesto que la superficie de cristal apenas se calienta por sí misma, sino sólo por el calor residual transmitido por el recipiente caliente. Precisamente esta última característica ha llevado a algunos usuarios a subestimar los riesgos de interponer materiales entre la placa y los recipientes.

Recomendaciones de seguridad adicionales

Además de evitar colocar papel o cualquier otro material entre la placa y los recipientes, existen otras recomendaciones de seguridad que conviene recordar al utilizar placas de inducción. Es importante verificar que los recipientes sean aptos para inducción, identificables porque un imán se adhiere firmemente a su base. Utilizar recipientes no compatibles no sólo impide la cocción, sino que puede forzar el sistema de detección de la placa. También resulta conveniente centrar correctamente los recipientes sobre las zonas de cocción marcadas en la placa, ya que un posicionamiento inadecuado puede provocar un calentamiento irregular o que la placa no detecte correctamente el recipiente. Los fondos de los recipientes deben estar limpios, secos y planos antes de colocarlos sobre la placa, para garantizar la máxima eficiencia y evitar rayar el cristal.

Finalmente, conviene recordar que aunque la placa en sí no se calienta como una vitrocerámica tradicional, la zona donde ha estado un recipiente caliente sí adquiere temperatura por conducción. Por ello, muchos modelos incorporan un indicador luminoso de calor residual que permanece encendido hasta que la superficie se enfría completamente, momento en que resulta seguro tocar o limpiar esa zona.

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