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Las claves tras la quiebra de Silicon Valley Bank (SVB)

El pánico en los inversores estadounidenses muestra ya sus efectos: se disparan los activos refugio como los bonos y el oro

Los clientes hacen cola fuera de la sede de Silicon Valley Bank, en Santa Clara, California. | Reuters

| | Washington |

El mundo financiero a escala global vive horas de vértigo tras la quiebra de Silicon Valley Bank (SVB). A pesar de que las autoridades han remarcado desde el principio que este no es Lehman Brothers, en referencia al gigante cuyo desparrame desencadenó la crisis crediticia con ecos mundiales de 2008, el temor se ha desatado a ambos lados del Atlántico, y de hecho hay quien en estos momentos ya ha perdido mucho dinero.

Las acciones mundiales caían el martes, y la situación de entidades como Credit Suisse han activado las alarmas en un contexto en que la crisis bancaria que se avecina en Estados Unidos ha llevado a los inversores a rebajar sus expectativas, e incluso a retirar sus depósitos a miles de consumidores para llevarlos a entidades con mayor apariencia de confiabilidad. Lo han hecho incluso antes de conocer previsiones clave sobre la inflación norteamericana, y a pesar de que el Departamento del Tesoro, la Fed y la Corporación Federal de Seguro de Depósitos (FDIC) anunciaran que los clientes tendrán acceso a todo el dinero depositado.

No así los inversores, que se arriesgaron y perderán todo lo apostado en Silicon Valley Bank, según ha afirmado el propio presidente Joe Biden, señalando que así son las cosas en el sector financiero. Sin embargo, sus llamamientos a la calma no han evitado el terremoto en las bolsas de todo el mundo, que este martes ha empezado a remontar, especialmente en Europa y también en el caso de la banca regional estadounidense. Hace tan solo una semana los inversores se estaban recuperando de un golpe de realidad que llevó a muchos a asumir que las tasas de tipos de interés en todo el mundo probablemente subirían mucho más y se mantendrían así más tiempo del previsto.

Pero en menos de una semana tres bancos estadounidenses han colapsado. En particular, la quiebra del banco tecnológico Silicon Valley Bank (SVB) fue la que más sacudió la confianza de los inversores y desencadenó en EEUU una carrera hacia activos de refugio como los bonos y el oro. En Europa las bolsas percibieron los efectos de este temor, aunque en el caso de España, el daño se matizó a lo largo de la sesión del lunes, recortando la caída inicial.

Como consecuencia, los valores bancarios de todo el mundo han perdido cientos de miles de millones de dólares en cuestión de días, mientras que el mercado de deuda pública experimenta uno de sus mayores repuntes en décadas. Así el índice de acciones mundiales de MSCI bajaba un 0,5 %, en gran parte debido a los fuertes descensos de las bolsas asiáticas, mientras que las acciones europeas cedían un 0,1%, en su tercera jornada a la baja.

Muchos expertos han establecido paralelismos con la crisis de 2008, cuando los indicadores de tensión de los mercados financieros se dispararon y las bolsas se desplomaron. Sin embargo, Kit Juckes, estratega jefe de divisas de Société Générale, afirma que la situación actual se parece mucho más a la crisis de las cajas de ahorros estadounidenses de los años 80, en la que cientos de bancos pequeños quebraron cuando la Reserva Federal subió las tasas para controlar la inflación, una situación similar a la actual senda de incrementos de tipos como receta para contrarrestar los precios desaforados.

SVB, que a finales del año pasado era el decimosexto mayor banco de Estados Unidos, es el mayor prestamista en quiebra desde 2008. Los detalles de su abrupto colapso siguen siendo confusos, pero el fuerte aumento de tasas de la Fed en el último año, que endureció las condiciones financieras en el sector de las «startups» del cual era un actor destacado, parece ocupar un puesto destacado.

Durante la madrugada de este pasado lunes el índice de volatilidad VIX, apodado como la «medida del miedo» de Wall Street, se acercó a máximos de seis meses y otros indicadores de tensión del mercado mostraron las primeras señales de preocupación. Del mismo modo, un índice de volatilidad del mercado de bonos -el índice ICE BofA MOVE- tocó su nivel más alto en 14 años al cierre del lunes.

Por otra parte, la drástica revisión de las expectativas de tasas en Estados Unidos ha reducido en un 1,5 % el valor del dólar en la última semana, contribuyendo a impulsar la compra de oro, un refugio tradicional que ha ganado un 5 % sólo en los últimos siete días. Como contrapartida relativamente positiva, hay analistas que apuntan a una desaceleración del incremento de tipos de interés en el nuevo contexto tormentoso en términos financieros. En los próximos días conoceremos si el descalabro de SVB acaba aquí, o por el contrario genera efectos aun ignorados y particularmente nocivos para las economías domésticas y familiares, tanto en Norteamérica como en el Viejo Continente.

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