«Desde que empezamos a estar juntos lo tuvimos claro, queríamos cuatro hijos, estábamos completos con tres, pero llegó el pequeño», relata Laura Tomás. Junto con Borja Llopis ha formado una familia numerosa con tres niñas de 9, 7 y 3 años y un niño de dos. Laura acaba de cumplir 40 años y no hay planes de tener más hijos, eso sí, afirma que «esto es un sueño cumplido para los dos», tampoco impelido por cualquier creencia religiosa. Laura solo tiene un hermano, «éramos pocos», tal vez por eso ahora le gusta que haya «mucho ruido en la casa, jaleo, gente, siempre vienen amiguitos de mis hijos o primos, porque mi hermano también tiene tres hijos, y dos de los hermanos de mi marido también tienen tres hijos más cada uno».
Ese bullicio parece ser el denominador común positivo para las madres de familia numerosa, que coinciden también en señalar, como lo peor, «compaginar el trabajo con la maternidad y todo lo que conlleva hoy día ser mujer, que tienes que ser perfecta, tener la casa perfecta, y no puedes, no se llega a todo», explica esta madre, quien añade que es difícil incluso dar a cada hijo su espacio y tiempo personalizado, «nos gustaría llegar a más», admite.
Laura es maestra de Educación Infantil y Borja arquitecto, viven en Maó. Ella ha tenido bajas de maternidad muy seguidas y ha podido coger excedencias y reducir jornada para atender a los niños. «Yo tengo un trabajo que me lo permite, él hace más horas para completar los ingresos, la conciliación familiar y laboral es imposible, sé que si no fuera porque soy funcionaria, uno de los dos tendría que haber dejado el trabajo por un tiempo».
No perciben ayudas salvo descuentos, gracias al título de familia numerosa de categoría general, por ejemplo en el colegio a la hora de comprar material o en el comedor; en el avión tienen un 5 por ciento añadido al descuento de residente, «viajar en barco sale más económico»; o al renovarse el DNI «¿pero eso te compensa?», se pregunta esta madre.
En general, las ayudas directas están reservadas a familias con ingresos muy bajos, «con ese nivel de renta es que no los podrías ni alimentar», asegura Laura; de cualquier modo, «nosotros, siendo funcionaria y autónomo, ni las pedimos».
Sobre la vida de pareja con cuatro niños pequeños, algunos muy seguidos, comenta «ahora empezamos a ver la luz y a tener algo de tiempo para nosotros, dedicamos una tarde para hacer algo solos y juntos, una hora de baile», gracias a los abuelos «son fundamentales, sin ellos tampoco hubiéramos podido hacerlo, nos ayudan siempre, cuando están enfermos o para poder salir sin tener que gastar más en canguros».
Ya está llegando el reemplazo. Solo habrá que adaptarse y cambiar alguna cosita cultural pero mientras hay vida hay esperanza.