Los mercados energéticos globales se encuentran en un momento de elevada incertidumbre, con los precios del petróleo y los carburantes experimentando una notable tendencia a la baja. La dinámica se ha consolidado durante esta primera semana de 2026, y clava sus raíces en una compleja interacción de factores geopolíticos y estratégicos. La situación en Venezuela, un actor clave en el panorama petrolero mundial, emerge como el epicentro de esta volatilidad. La reciente iniciativa del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de refinar y comercializar crudo venezolano, ha reabierto el debate sobre el control de los flujos energéticos y su impacto directo en el equilibrio global entre oferta y demanda, generando una espiral bajista que se inició a finales de noviembre de 2025 y se ha prolongado hasta el presente.
En concreto, el precio medio del litro de gasolina en España ha registrado en las últimas horas una caída del 0,21 % con respecto a la última semana de 2025, situándose en 1,437 euros. Este descenso se suma a una racha de seis caídas consecutivas, acumulando una reducción del 3,5 % desde inicios de diciembre de 2025, según los datos más recientes del Boletín Petrolero de la Unión Europea. Paralelamente, los precios del crudo han retomado su senda bajista a mitad de la primera semana de 2026. El crudo estadounidense West Texas Intermediate (WTI) ha acumulado una caída superior al 5 % desde el pasado martes 6 de enero, descendiendo hasta la zona de los 55,90 dólares por barril. Por su parte, el Brent, de referencia en Europa, ha retrocedido más de 3,9 %, cotizando alrededor de los 59,80 dólares por barril. Estos movimientos son un fiel reflejo de la elevada incertidumbre geopolítica que transpiran los mercados internacionales.
La propuesta de Washington, que busca reconfigurar las exportaciones de crudo de la nación sudamericana tras la acelerada salida del poder de Nicolás Maduro, plantea serias dudas sobre el volumen efectivo que podría llegar al mercado internacional. La producción venezolana sigue severamente limitada por las sanciones internacionales, la crónica falta de inversión y el deterioro generalizado de su infraestructura petrolera. La posibilidad de que parte de su crudo sea redirigido o procesado bajo supervisión estadounidense genera interrogantes sobre cómo se alterarán las cadenas de suministro existentes. Además, las tensiones comerciales han desempeñado un papel relevante en la presión sobre los precios. China, uno de los principales compradores de crudo venezolano, ha expresado su rotundo rechazo a la intervención estadounidense, especialmente tras conocerse que Washington habría persuadido a Caracas para desviar parte de sus envíos lejos de Pekín. En 2025, las importaciones chinas de petróleo venezolano rondaron los 389.000 barriles diarios, por lo que cualquier alteración en este flujo comporta implicaciones directas para el balance energético asiático.
Venezuela, gigante petrolero en la encrucijada geopolítica
Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, superando incluso a Arabia Saudí. Sin embargo, su capacidad para extraer y exportar este recurso ha estado históricamente mermada por una combinación de factores políticos, económicos y técnicos. Durante años, la empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) ha sufrido una drástica reducción de su producción debido a la falta de inversión en mantenimiento y modernización, la fuga de talento y, de manera crucial, las sanciones impuestas por Estados Unidos. Estas sanciones, que se intensificaron a partir de 2019, han buscado presionar al gobierno venezolano, limitando su acceso a los mercados financieros internacionales y a la tecnología necesaria para operar su industria petrolera. La iniciativa de la administración Trump de «refinar y comercializar» crudo venezolano, aunque aparentemente busca una solución pragmática, es vista por muchos analistas como un movimiento estratégico para reconfigurar la influencia energética en la región y a nivel global.
¿Qué implica el plan de Estados Unidos para el crudo venezolano?
El plan de la administración estadounidense de refinar y comercializar crudo venezolano es una maniobra compleja con múltiples aristas. En esencia, podría significar que Estados Unidos, o empresas bajo su jurisdicción, adquirirían petróleo de Venezuela, lo procesarían en sus refinerías y luego lo venderían en el mercado internacional. Esto podría tener varios objetivos: por un lado, aliviar la presión sobre los precios globales del petróleo al aumentar la oferta disponible; por otro, establecer un mayor control sobre los ingresos petroleros venezolanos, asegurando que una parte se destine a fines humanitarios o a la reconstrucción del país, o incluso a saldar deudas. Sin embargo, esta estrategia no está exenta de desafíos. La infraestructura de refinación de Venezuela está en un estado precario, y la logística para desviar grandes volúmenes de crudo de sus rutas tradicionales, como las que van a China, sería considerable. Además, la legitimidad y legalidad de tales operaciones bajo el marco de las sanciones actuales son objeto de intenso debate internacional, especialmente por parte de países como China, que ven en ello una injerencia directa en sus acuerdos comerciales.
La relación entre Estados Unidos y China es un factor determinante en la estabilidad del mercado energético global. La noticia de que Washington habría persuadido a Caracas para desviar envíos de crudo ha encendido las alarmas en la capital china. China ha sido un socio comercial vital para Venezuela, especialmente en el sector petrolero, proporcionando financiación a cambio de crudo en un momento en que el país sudamericano estaba aislado por las sanciones. Las importaciones chinas de petróleo venezolano, que en 2025 alcanzaron los 389.000 barriles diarios, representan una parte significativa de su suministro energético y un salvavidas económico para Venezuela. Si estos flujos se ven interrumpidos o redirigidos, China se vería obligada a buscar fuentes alternativas, lo que podría elevar la demanda y los precios en otros mercados, o bien intensificar sus esfuerzos diplomáticos y económicos para contrarrestar la influencia estadounidense. Esta situación subraya cómo la geopolítica, y en particular la rivalidad entre las grandes potencias, se traduce directamente en la volatilidad de los precios del crudo y los carburantes a nivel mundial.
¿Por qué el mercado reacciona con cautela a la situación venezolana?
La cautela del mercado ante la situación venezolana se debe a la incertidumbre inherente a cualquier cambio en el suministro de un productor tan significativo. Aunque Venezuela ha reducido drásticamente su producción en los últimos años, su potencial como poseedor de las mayores reservas mundiales sigue siendo un factor de peso. La posibilidad de que su crudo regrese al mercado, incluso bajo nuevas condiciones, podría alterar el equilibrio entre oferta y demanda. Sin embargo, la forma en que esto se implementaría, la cantidad real de petróleo que se añadiría y las reacciones de otros actores clave, como la OPEP+ o Rusia, son incógnitas. Además, la historia de inestabilidad política y económica en Venezuela añade una capa de riesgo, haciendo que los inversores sean reticentes a tomar posiciones firmes. La complejidad de las sanciones, la necesidad de inversión masiva para restaurar la producción y la oposición de socios comerciales como China, contribuyen a un escenario donde la prudencia es la norma.
Si de cas serà culpa de L' ATAC DELS INVA$OR$ UNIT$ E$TADOUNIDENC$ a un país sobirà i que no ha fet RES ; només defensar la seva terra, població e interessos absolutament legítims. U$A = manicomi perillós sense control .