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Ataque de EEUU a Venezuela

Ecos de los Sudetes y el 'Lebensraum' en la agenda global de 2026

Cómo Trump revitaliza viejos conceptos que creímos olvidados; de los bombardeos sobre Caracas y la captura de Maduro a la pretensión sobre Groenlandia

Un manifestante sostiene un cartel que representa al presidente estadounidense Donald Trump y a Adolf Hitler | Foto: Efe - Kim Ludbrook

| Madrid |

Estos primeros días de enero de 2026 han marcado un punto de inflexión en el panorama internacional, generando un aluvión de análisis y especulaciones. Desde los recientes bombardeos sobre Caracas y la subsiguiente captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, hasta las renovadas pretensiones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre Groenlandia, ciertos conceptos y nombres históricos, que se creían relegados al pasado, han resurgido con una inquietante actualidad en el debate geopolítico. Este escenario global, donde la soberanía y el derecho internacional parecen ceder terreno, invita a una profunda reflexión sobre la vigencia de la ley del más fuerte como forma de relación entre Estados.

La memoria histórica nos retrotrae a los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial, cuando la región de los Sudetes, habitada mayoritariamente por población de origen alemán en la entonces Checoslovaquia, se convirtió en el epicentro de una crisis diplomática que culminaría con su anexión por parte de la Alemania nazi en septiembre de 1938. Este movimiento fue justificado bajo el pretexto de la autodeterminación y la protección de minorías, pero en realidad formaba parte de una estrategia expansionista mucho mayor: la construcción del Lebensraum o «espacio vital», que lanzó a Adolf Hitler a la conquista, primero de Polonia, y de grandes extensiones de la Unión Soviética con posterioridad. Este concepto, acuñado por la ideología nazi, postulaba la necesidad de adquirir nuevos territorios para la expansión demográfica y económica de la nación alemana, a menudo a expensas de la soberanía de otros estados y de las vidas de sus nacionales. La conexión entre estos hechos históricos y los acontecimientos actuales, como los bombardeos en Caracas o las aspiraciones colonialistas sobre Groenlandia, sugiere una inquietante resonancia de principios que parecían superados por el derecho internacional moderno.

En este contexto, la comunidad internacional observa con preocupación cómo la retórica y las acciones de ciertas potencias parecen reavivar dinámicas que se consideraban superadas. La interpretación de la soberanía nacional, la intervención en asuntos internos de otros estados y la justificación de acciones militares o territoriales bajo argumentos de seguridad o interés nacional, evocan un periodo de la historia europea que dejó cicatrices profundas. La vigencia de los tratados internacionales y el papel de organismos multilaterales se ven, una vez más, puestos a prueba ante la emergencia de un unilateralismo que desafía las normas establecidas.

El eco de los Sudetes en la geopolítica contemporánea

La crisis de los Sudetes en 1938 representa un capítulo crucial en la historia de las relaciones internacionales. En aquel momento, la Alemania nazi, bajo el liderazgo de Hitler, exigió la anexión de la región checoslovaca de los Sudetes, argumentando la protección de la minoría étnica alemana allí residente. A pesar de que Checoslovaquia poseía un ejército moderno y alianzas con Francia y el Reino Unido, la política de apaciguamiento de estas potencias llevó a la firma del Acuerdo de Múnich en septiembre de aquel año.

Este pacto, sin la participación de Checoslovaquia, cedió los Sudetes a Alemania, con la esperanza de evitar un conflicto mayor. Sin embargo, lejos de garantizar la paz, esta cesión territorial solo envalentonó a Hitler, quien pocos meses después, en marzo de 1939, ocuparía el resto de Checoslovaquia. La lección de los Sudetes es a menudo citada como un ejemplo de cómo la falta de una respuesta firme ante la agresión puede conducir a escaladas aún mayores y a la erosión del orden internacional. La analogía con los eventos actuales, donde la soberanía de Venezuela ha sido vulnerada y se plantean demandas territoriales sobre Groenlandia, invita a reflexionar sobre si la historia, en cierto modo, está rimando con el presente.

El concepto de Lebensraum: una mirada histórica

Por otra parte el «Lebensraum» o «espacio vital» fue un pilar fundamental de la ideología nazi y una de las principales justificaciones para la política expansionista de la Alemania de Hitler. Este concepto se basaba en la creencia de que la nación alemana necesitaba expandir su territorio hacia el este de Europa, principalmente a costa de los pueblos eslavos, para asegurar su supervivencia, prosperidad y dominio racial. La adquisición de estas vastas tierras agrícolas y recursos naturales se consideraba esencial para alimentar a la población alemana y establecer una hegemonía continental duradera.

En este sentido el «Lebensraum» no era solo una cuestión de geografía, sino que implicaba una reorganización demográfica y racial, con la expulsión o exterminio de las poblaciones locales para dar paso a colonos alemanes. Este concepto, profundamente arraigado en el darwinismo social y el nacionalismo extremo, chocaba frontalmente con los principios de soberanía estatal y autodeterminación de los pueblos. Su resurgimiento, aunque sea en forma de analogía o referencia, en el discurso geopolítico actual, subraya la persistencia de ciertas lógicas de poder que priorizan la fuerza sobre el derecho y la inalienable dignidad de todas las personas.

El precedente inquietante de los hechos venezolanos

Los bombardeos sobre Caracas y la posterior captura del presidente venezolano en los primeros días de este 2026, han sacudido los cimientos de un derecho internacional ya muy golpeado tras la guerra de Ucrania y la de Israel en la Franja de Gaza. Aunque los detalles específicos de la operación aún están bajo análisis, la acción ha sido interpretada por muchos como una intervención unilateral sin precedentes en la historia reciente de América del Sur.

Las justificaciones esgrimidas por los actores implicados, que podrían incluir la defensa de intereses nacionales o la lucha contra el narcotráfico, están siendo objeto de un intenso debate en foros internacionales. Este evento plantea serias preguntas sobre la legitimidad de las intervenciones militares en estados soberanos y el respeto a la autodeterminación de los pueblos. Es más. La captura de un jefe de Estado en ejercicio, independientemente de su legitimidad interna, establece un precedente complejo y potencialmente peligroso para la estabilidad global, sugiriendo que la fuerza militar puede prevalecer sobre las normas diplomáticas y legales establecidas.

La renovada insistencia del presidente Trump en la adquisición de Groenlandia, una región autónoma de Dinamarca, ha vuelto a poner de manifiesto la persistencia de ciertas ambiciones territoriales en la política exterior estadounidense. La reactivación de esta pretensión, en un contexto de crecientes tensiones globales, sugiere una visión de la política exterior que prioriza la expansión territorial y el control de recursos por encima de los principios de soberanía y el respeto a la integridad territorial de otras naciones. Esta actitud evoca, para algunos analistas, reminiscencias de épocas pasadas donde las grandes potencias se disputaban territorios sin considerar la voluntad de sus habitantes o la legalidad internacional.

¿Qué implicaciones tiene la ley del más fuerte en el siglo XXI?

La noción de la «ley del más fuerte», aunque a menudo asociada a periodos pre-modernos o a la anarquía internacional, parece estar cobrando una renovada vigencia en el actual escenario geopolítico de 2026. Esta ley implica que las decisiones y acciones de los estados no se rigen tanto por el derecho internacional o los acuerdos multilaterales, sino por la capacidad militar, económica y política de las potencias dominantes. Las implicaciones de esta dinámica son profundas: se debilita la confianza en las instituciones internacionales, se incrementa el riesgo de conflictos armados, y la soberanía de los estados más pequeños se ve constantemente amenazada. En un mundo interconectado, donde los desafíos globales requieren de una cooperación sin precedentes, el resurgimiento de esta mentalidad podría tener consecuencias desestabilizadoras a largo plazo, afectando desde el comercio internacional hasta la lucha contra el cambio climático. La búsqueda de un equilibrio de poder que respete la legalidad y la dignidad de todas las naciones se presenta como un desafío urgente para la diplomacia global.

La geopolítica actual, marcada por la competencia entre grandes potencias y la redefinición de esferas de influencia, ejerce una presión considerable sobre la soberanía de los estados, especialmente aquellos con menor capacidad de defensa o con recursos estratégicos. Los eventos de este enero de 2026, desde la intervención en Venezuela hasta las aspiraciones de Trump sobre Groenlandia, ilustran cómo la autonomía de decisión y la integridad territorial pueden verse comprometidas.

La soberanía, entendida como el derecho exclusivo de un estado a ejercer autoridad sobre su territorio y población sin interferencia externa, es un principio fundamental del derecho internacional moderno. Sin embargo, cuando las potencias justifican sus acciones en base a intereses de seguridad nacional, consideraciones humanitarias o la lucha contra regímenes considerados ilegítimos, la línea entre la intervención legítima y la agresión se vuelve difusa. Esta situación genera un clima de incertidumbre y desconfianza, donde los estados más vulnerables pueden verse obligados a ceder parte de su autonomía o a buscar alianzas que, a la larga, podrían limitar su independencia. La defensa de la soberanía en el siglo XXI requiere no solo de la fuerza, sino también de la adhesión inquebrantable a los principios del derecho internacional y la diplomacia multilateral.

3 comentarios

Angelcaído Angelcaído | Hace 5 días

Lo que está haciendo PUTIN EN EUROPA... GRACIAS TRUMP UN DICTADOR MENOS.

Pili Pili | Hace 5 días

"La crisis de los Sudetes en 1938 representa un capítulo crucial en la historia de las relaciones internacionales. En aquel momento, la Alemania nazi, bajo el liderazgo de Hitler, exigió la anexión de la región checoslovaca de los Sudetes, argumentando la protección de la minoría étnica alemana allí residente." QUIEN OLVIDA LA HISTORIA...

Palun Arve Palun Arve | Hace 5 días

Essent conscients de la situació i de qui es tracta, és recomanable fer una crida a la població per boicotejar productes i serveis estatunidencs. Tocant la butxaca, potser facin aturar-lo.

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