La apabullante victoria de Sanae Takaichi en las elecciones presidenciales de Japón puede marcar el inicio de una nueva era en la esfera de seguridad internacional. Con un 70 % de apoyo popular en las encuestas previas, las urnas confirmaron el buen momento para el gobernante Partido Liberal Democrático (PLD) de la primera ministra japonesa, quien se alzó con una victoria aplastante en las elecciones generales del domingo al obtener 316 de los 465 escaños de la Cámara Baja. Dicha proporción representa una mayoría de algo más de dos tercios de la poderosa cámara, lo que en la práctica da vía libre a la conservadora para sacar adelante sus políticas en solitario e incluso si las rechaza la Cámara Alta, donde la coalición gobernante del PLD y el Partido de la Innovación de Japón (Ishin) están en minoría.
Asimismo, el endurecimiento de la postura internacional de Japón en las últimas semanas parece verse respaldado, en un contexto de incremento de la presión con China por la dominancia regional. Todo ello puede acabar por poner en marcha los mecanismos de cambio constitucional, para dar cabida una nueva visión, ampliamente explicada y apoyada por la propia Takaichi, que básicamente implica el fin del pacifismo que a la fuerza se instauró en la carta magna nipona tras los hechos de 1945. El giro se antoja diametral, un cambio de paradigma muy significativo en un momento de alta volatilidad e incertidumbre a escala mundial. Además, que Tokio vuelva a abrir la puerta a un eventual uso de la fuerza parece contar de forma tácita con el apoyo de la administración de Donald Trump.
La victoria electoral de Takaichi en las elecciones generales japonesas representa un punto de inflexión en la política de defensa nipona. Esta reconfiguración parlamentaria facilita el desarrollo del programa conservador de la actual mandataria, especialmente en aspectos relacionados con la seguridad nacional y la política exterior. Y es que el contexto geopolítico asiático ha marcado de manera significativa el discurso electoral. Las tensiones con Pekín por el control regional del Pacífico occidental han motivado un endurecimiento de la postura japonesa en las últimas semanas, una línea que el electorado nipón ha respaldado de forma contundente en la cita con las urnas celebrada el domingo pasado. La estrategia de Takaichi plantea una revisión profunda del artículo 9 de la Constitución, que renuncia al uso de la fuerza como medio para resolver conflictos internacionales.
Implicaciones para la política de defensa japonesa
La reforma constitucional que alienta Takaichi supondría el abandono del pacifismo impuesto tras la Segunda Guerra Mundial. Desde 1945, Japón ha mantenido unas Fuerzas de Autodefensa con capacidades limitadas, circunscritas exclusivamente a la protección del territorio nacional. De facto aceptó en su día desprenderse de las capacidades militares de un ejército así como del uso de la fuerza para dirimir las controversias internacionales. Pero el actual proyecto de la primera ministra contempla ampliar el margen de actuación militar, permitiendo operaciones más allá de las fronteras niponas en determinadas circunstancias.
El cambio normativo requiere un proceso complejo que incluye la aprobación por dos tercios de ambas cámaras y su ratificación mediante referéndum popular. Sin embargo, la mayoría cualificada obtenida en la Cámara Baja constituye el primer paso decisivo. Los analistas políticos señalan que Takaichi cuenta con el respaldo necesario para iniciar el procedimiento de modificación constitucional, algo que ningún gobierno japonés había conseguido desde la posguerra.
Contexto regional y renovadas tensiones con China
La posición de Estados Unidos resulta determinante en este escenario. La administración de Donald Trump ha mostrado una actitud favorable hacia una mayor autonomía militar de Japón, considerando que alivia la carga defensiva estadounidense en la región Asia-Pacífico. Esta convergencia de intereses entre Tokio y Washington facilita el giro estratégico planteado por el gobierno conservador japonés. El incremento de la presión china sobre Taiwán y las disputas territoriales en el mar de China Oriental han generado inquietud en las islas de Japón. Pekín ha intensificado sus operaciones militares en aguas próximas al archipiélago nipón, incluyendo incursiones aéreas en la zona de identificación de defensa japonesa. Este clima de tensión ha favorecido el discurso de Takaichi sobre la necesidad de fortalecer las capacidades defensivas del país.
Las islas Senkaku, administradas por Japón pero reclamadas por China, constituyen uno de los puntos de fricción más sensibles. La presencia de buques chinos en aguas próximas a este territorio se ha incrementado durante los últimos meses, generando incidentes diplomáticos recurrentes. El gobierno japonés interpreta estas acciones como una estrategia de presión destinada a modificar el statu quo territorial en la región. Corea del Sur también observa con atención el proceso japonés. Seúl mantiene una relación compleja con Tokio, marcada por disputas históricas pero también por intereses comunes de seguridad frente a Corea del Norte y China. La eventual militarización japonesa genera recelos en Corea del Sur, donde persisten las memorias de la ocupación colonial, aunque ambos países mantienen una alianza estratégica con Estados Unidos.
El PLD ha gobernado Japón de manera casi ininterrumpida desde 1955, consolidándose como la fuerza política hegemónica del país. Esta formación conservadora ha combinado políticas económicas favorables al desarrollo empresarial con posiciones sociales tradicionales. Sanae Takaichi representa el ala más nacionalista del partido, con un perfil que contrasta con anteriores líderes considerados más moderados en cuestiones de defensa. La primera ministra, de 63 años, ha ocupado diversos ministerios a lo largo de su carrera política, incluyendo las carteras de Asuntos Internos y Comunicaciones. Su ascenso a la presidencia del PLD y posteriormente al cargo de primera ministra supuso un hito, al convertirse en la primera mujer en liderar el gobierno japonés. Sin embargo, su agenda política ultranacionalista ha generado controversia tanto a nivel nacional como internacional.
El artículo 9 japonés constituye una de las disposiciones más singulares del constitucionalismo mundial. Redactado durante la ocupación estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial, establece que «el pueblo japonés renuncia para siempre a la guerra como derecho soberano de la nación». Este precepto ha interpretado durante décadas que Japón no puede mantener fuerzas armadas con capacidad ofensiva ni participar en conflictos bélicos internacionales. La interpretación del artículo ha evolucionado gradualmente. Aunque prohíbe formalmente las fuerzas armadas, Japón ha desarrollado unas Fuerzas de Autodefensa con capacidades tecnológicas avanzadas. Gobiernos anteriores ampliaron la interpretación para permitir la participación en misiones de paz de Naciones Unidas y operaciones de apoyo logístico a aliados. La propuesta de Takaichi va más allá, planteando una modificación explícita del texto constitucional.
¿Cómo afecta esta victoria al equilibrio de poder en Asia?
El resultado electoral japonés introduce una variable nueva en la arquitectura de seguridad regional. China mantiene el mayor ejército del mundo en términos numéricos y ha incrementado notablemente su presupuesto militar durante las últimas dos décadas. Un Japón con capacidades militares ampliadas alteraría significativamente el balance estratégico en el Pacífico occidental, especialmente si se coordina estrechamente con Estados Unidos y otros aliados regionales. Australia, India y varios países del sudeste asiático observan el proceso con particular interés. Estas naciones comparten preocupaciones sobre la expansión china y podrían ver con buenos ojos un fortalecimiento de la posición japonesa. Sin embargo, el recuerdo de la expansión militar nipona durante la primera mitad del siglo XX genera cautela en varios países de la región.