Hablar del Renault 4 original es hablar de un pedazo fundamental de la historia del automóvil europeo. Presentado en 1961, fue un coche que democratizó la movilidad en el Viejo Continente, con su diseño sencillo, su enorme practicidad y su bajo coste de mantenimiento. Era robusto, versátil y capaz de adaptarse a todo tipo de conductores: desde familias hasta jóvenes, pasando por agricultores o profesionales. Durante tres décadas, hasta 1992, se fabricaron más de ocho millones de unidades en más de cien países, convirtiéndose en un fenómeno social. Ahora, Renault decide recuperar ese legado con una versión totalmente eléctrica que traslada su espíritu al siglo XXI.
El Renault 4 eléctrico llega para reforzar la ofensiva de la marca en el segmento de los compactos eléctricos. Un territorio muy competido donde encontramos modelos de la talla del Volkswagen ID.3, el Peugeot e-308 o incluso el Honda e:Ny1, cada uno con un enfoque propio. Frente a ellos, el Renault 4 no se limita a ser un coche más: apuesta por un fuerte componente emocional, apelando a la nostalgia y a la identidad de marca. Al igual que el Renault 5 eléctrico, que ya probamos hace unos meses, este nuevo modelo se convierte en parte de la estrategia de Renault para demostrar que los clásicos vuelven a la carga en versión siglo XXI, combinando pasado y futuro en un mismo producto.
El modelo definitivo se presentó en 2024, tras un prototipo muy comentado en 2022 que adelantaba sus líneas maestras. Desde entonces, la expectación fue creciendo: no se trataba solo de lanzar un coche eléctrico más, sino de traer de vuelta un símbolo, adaptado a las exigencias actuales en autonomía, seguridad y conectividad. El resultado es un coche que conserva parte de la estética retro del original, pero reinterpretada bajo un lenguaje actual, sin caer en la simple copia nostálgica.
El diseño exterior es uno de sus principales reclamos. A primera vista, la semejanza con el R4 clásico es evidente: los faros redondeados, la parrilla rectangular y la silueta elevada remiten de inmediato al modelo de los años sesenta. Sin embargo, las dimensiones son ahora mucho mayores, lo que lo sitúa en la categoría de SUV compacto. Este aumento no es solo cuestión estética: proporciona más espacio interior y una mayor presencia en carretera, acercándolo a las necesidades actuales de las familias. Los detalles modernos, como la iluminación LED o las llantas aerodinámicas, completan una imagen que mezcla lo retro y lo contemporáneo de forma equilibrada.
Bajo el capó, el Renault 4 eléctrico utiliza la misma plataforma que el Renault 5 eléctrico, lo que asegura fiabilidad y eficiencia. Equipa un motor eléctrico de 110kW (150 CV) alimentado por una batería de 52 kWh netos, con una autonomía homologada superior a los 400 km WLTP. Son cifras que lo colocan en una posición competitiva frente a sus rivales directos. Sus prestaciones están pensadas para un uso realista: acelera de 0 a 100 km/h en 8,2 segundos y alcanza los 150 km/h de velocidad punta. Suficiente para moverse con agilidad en ciudad, adelantar con seguridad en carretera y viajar sin miedo a quedarse corto de energía.
La experiencia de conducción refleja un coche bien afinado. El Renault 4 eléctrico ofrece un comportamiento noble y equilibrado, con una suspensión que prioriza el confort pero sin renunciar a cierta firmeza en curva. La dirección es ligera en maniobras urbanas, lo que facilita aparcar o moverse en calles estrechas, pero se vuelve más precisa en tramos de carretera. En autopista, transmite seguridad gracias a la buena insonorización y al bajo centro de gravedad que aporta la batería. En definitiva, se trata de un coche pensado para disfrutar del día a día, pero también capaz de afrontar viajes con serenidad.
El equipamiento también es un aspecto destacable. El Renault 4 eléctrico incorpora una pantalla horizontal de gran tamaño, un cambio importante respecto a otros modelos de la marca, donde se optaba por pantallas verticales. La disposición horizontal resulta más intuitiva y favorece una lectura rápida durante la conducción. A esto se suma un cuadro de instrumentos digital, compatibilidad con Android Auto y Apple CarPlay y múltiples asistentes de seguridad: control de crucero adaptativo, asistente de mantenimiento de carril, frenada de emergencia y cámaras de visión periférica. Todo ello le permite situarse al nivel de sus principales competidores en tecnología.
En el interior, se aprecia un trabajo consciente en la calidad percibida. Los materiales son agradables al tacto, los ajustes son sólidos y, aunque abundan algunos plásticos, se nota la voluntad de ofrecer un habitáculo cuidado. Un detalle llamativo es que Renault no ha querido replicar la icónica palanca de cambios en el salpicadero, tan característica del modelo clásico. En su lugar, se ha optado por un selector moderno en la consola central, que resulta más funcional pero menos evocador para los nostálgicos. Este guiño perdido puede generar cierta decepción en los más puristas, aunque responde a criterios de ergonomía actual.
La comodidad interior se ve reforzada por las mayores dimensiones del coche. Los asientos delanteros son cómodos y ofrecen buen soporte, mientras que los traseros cuentan con un espacio más que suficiente para dos adultos y aceptable para tres. El maletero, con 400 litros de capacidad, cumple sobradamente para un uso familiar. Además, el aislamiento acústico y la suspensión trabajan de forma conjunta para garantizar un viaje relajado, incluso en tramos largos.
En conclusión, el Renault 4 eléctrico es mucho más que un ejercicio de nostalgia. Es una propuesta sólida dentro del mercado de los compactos eléctricos, con diseño retro y moderno, prestaciones equilibradas y una autonomía suficiente para el día a día y los viajes de media distancia. Mantiene el espíritu práctico del modelo original, pero adaptado a los tiempos actuales, con la tecnología y el equipamiento que los conductores esperan hoy. Junto al Renault 5 eléctrico, que también hemos probado, demuestra que Renault ha encontrado una fórmula interesante: rescatar sus clásicos y darles una segunda vida con las herramientas del presente. Una jugada que conecta con la historia de la marca y que le permite competir con ventaja en un segmento cada vez más emocional.
Podéis encontrar este renovadísimo modelo en Dibauto Plus, concesionario situado en Gremi de Sucrers i Candelers, 6, en el Polígon de Son Castelló de Palma.
Buenos días. "Democratizó la movilidad" reza el artículo. "Popularizó la movilidad" hubiera sido más acertado; y "popularizó la automoción" lo acertado. Admito la elasticidad propia del lenguaje periodístico a la ue nos tienen acostumbrados. Ahora bien, una cosa es elasticidad en el idioma en pos del mensaje (para que tenga más tiròn en el quiosco) y otra desvituar totalmente la semántica. Democratizar nada tiene que ver con popularizar. No olvidemos que cratos significa poder. Día a día, y más en este periódico, se dan otros muchos ejemplos de lo anteriormente expuesto (epicentro por centro), se dispara, se desploma. Cuando periodismo se elevó a carrera universitaria no imaginé que fuera para esto. Deberían mejorar. Por cierto, el coche es feísimo. El 4L no es que fuera bonito, pero con el tiempo adquirió personalidad propia y resultó atractivo por ello. Este ni lo uno ni lo otro. Un saludo.