El portavoz de Esquerra (ERC) en el Congreso de los Diputados, Gabriel Rufián, compartió espacio con Emilio Delgado de Más Madrid, ante un auditorio repleto y dispuesto a escuchar las novedades sobre las cuales ha estado girando buena parte de la conversación política en el ámbito nacional en las últimas semanas. Una posible unidad de toda la izquierda más allá del espectro del PSOE en unas eventuales elecciones generales en España bajo la premisa de contrarrestar los 200 y pico diputados que todas las encuestas pronostican al entente PP-Vox. El rechazo a la idea de ver en un futuro a Santiago Abascal como ministro del Interior fue uno de los ejemplos aireados durante la velada. «Nos van a fusilar políticamente por separado». «¿Qué sentido tiene que 14 izquierdas nos presentemos en el mismo sitio?» planteó el diputado catalán.
Rufián insistió en una premisa: «ciencia, método, orden». Todo con tal de disputarle a esta extrema derecha con fuerte impulso internacional y base social acreditada «escaño a escaño, provincia por provincia». La experiencia de las pasadas elecciones aragonesas, donde 6.000 votos a Podemos quedaron sin ninguna representación, refleja qué pretenden evitar estas voces progresistas, de cara a una próxima cita con las urnas. La tesis de Rufián gira entorno a que en cada territorio se presente tan solo una papeleta de izquierdas, aquella que cuente con un mayor arraigo y potencia territorial. Según el republicano, a Bildu en el País Vasco le va a ir bien, igual que al BNG en Galicia y a Compromís en el País Valenciano. «A nosotros, no lo sé», lanzó en uno de los momentos del diálogo, en el que también dejó caer su compromiso con la «autodeterminación», en un claro guiño a su propia parroquia en ERC.
Durante la noche también fueron elocuentes las declaraciones del presidente de Esquerra, Oriol Junqueras, quien en la Cadena Ser se tomó casi a chiste la posibilidad de que su partido no concurra a las elecciones en Cataluña. Tampoco quiso Junqueras inmiscuirse en los asuntos de «otras formaciones políticas españolas», que a su vez, deberán decidir en cada caso dónde concurren o no. Junqueras, además, dio por sentado que Gabriel Rufián será el número uno por Barcelona en la candidatura de ERC en las próximas elecciones generales. También confirmó un encuentro con el líder de Junts, Carles Puigdemont, del que hasta la fecha no se tenían noticias.
Evitar la dispersión del voto progresista que en anteriores comicios ha provocado la pérdida de representación parlamentaria fundamenta la estrategia planteada por el portavoz independentista, adaptada a las peculiaridades de cada comunidad autónoma. Ello podría articularse en torno a «tres o cuatro» compromisos programáticos y un buen número de renuncias. Sin embargo, Rufián citó a formaciones concretas como Bildu o el BNG, que no parecen dispuestas a ceder su hegemonía como asimismo admitió el propio Oriol Junqueras en sus declaraciones radiofónicas. Una candidatura unitaria de izquierdas supondría la confluencia de diferentes formaciones progresistas bajo una misma papeleta electoral, con el objetivo de maximizar la representación parlamentaria y evitar la pérdida de escaños por dispersión del voto. Este tipo de estrategias requieren complejos acuerdos programáticos y de distribución de puestos en las listas electorales, y no siempre obtienen los resultados esperados, ya que la propia dinámica de apegos y simpatías en ocasiones se traduce en fuga de voto o mayor abstención de la pretendida. La experiencia de coaliciones como Unidas Podemos o las diferentes confluencias autonómicas surgidas en los últimos años demuestran tanto las potencialidades como las dificultades de estos proyectos.
El sistema electoral español para el Congreso de los Diputados utiliza la provincia como circunscripción electoral, con la excepción de Ceuta y Melilla. Cada provincia elige un número de diputados proporcional a su población, mediante el sistema D'Hondt, que favorece a las listas más votadas y establece barreras de entrada para las candidaturas minoritarias. Este sistema provoca que en provincias pequeñas, con pocos diputados en juego y donde tradicionalmente la derecha ha tenido un importante caladero de votantes, resulte especialmente difícil obtener representación para formaciones minoritarias, incluso con porcentajes significativos de voto. De ahí la insistencia de Rufián en disputar «provincia por provincia» mediante candidaturas que aglutinen el voto progresista y superen más fácilmente los umbrales necesarios para conseguir escaños.
Cabe señalar que Vox ha experimentado un notable ascenso electoral desde su irrupción parlamentaria en 2018, consolidándose como la tercera fuerza política en el Congreso de los Diputados y un creciente empuje territorial. Su discurso combina nacionalismo español, posiciones ultraconservadoras en cuestiones sociales, rechazo al independentismo catalán y críticas duras a la inmigración. Las encuestas actuales sitúan a la formación liderada por Santiago Abascal como socio necesario para que el Partido Popular de Álvaro Núñez Feijóo pueda formar gobierno, lo que otorga a Vox una capacidad de influencia significativa sobre las políticas de un eventual ejecutivo de derechas. Esta perspectiva constituye el principal argumento movilizador de las formaciones de izquierda, que advierten del retroceso en derechos y libertades que supondría la participación de Vox en el Gobierno de España.
Ejemplo a seguir: un tipo de Jaen que defiende la independencia de Cataluña. Su apellido le define.