Maria Valens (Felanitx, 1979) es la nueva directora del Parc Nacional de Cabrera, tal vez el espacio natural protegido de Baleares más emblemático, a pesar de la palabra, por ser el menos antropizado y constituir todo un símbolo de protección en las Islas.
¿Cuál ha sido la evolución ambiental de Cabrera en sus casi 35 años como parque nacional?
—La evolución ha sido favorable y positiva en todos los ecosistemas. En la parte terrestre, el pinar está en expansión frente a un pasado en que el territorio estaba bastante degradado. En la parte marina, las praderas de posidonia se encuentran en un estado espectacular gracias a la regulación del fondeo, con 50 boyas diurnas y otras 50 nocturnas. Está prohibido fondear con ancla en todo el subarchipiélago. Una posidonia en buen estado oxigena las aguas y sirve de refugio a numerosas especies. Además, Cabrera está en la ruta migratoria de numerosas aves y hemos detectado una mayor presencia de éstas, con sus fases de reproducción. Por su parte, hay un uso público regulado y zonificado, lo que beneficia a los ecosistemas. Un parque nacional debe combinar sus objetivos de conservación con el uso público.
¿Qué impactos está sufriendo Cabrera?
—Los impactos son siempre antrópicos. Los más evidentes son los residuos. En tierra se tiran pocos, pero nos llegan muchos por mar, desde fuera y dentro del ámbito del parque nacional. Su retirada es uno de nuestros trabajos habituales. Para el año que viene está previsto un proyecto de limpieza de fondos marinos. Mediante robots se detectarán los fondos que más necesitan esa limpieza y posteriormente se procederá a la misma mediante buzos para los residuos más pequeños y se recurrirá a un barco con grúa para los más voluminosos. Otros impactos se refieren a la gente que no cumple con la normativa y se desplaza por espacios no autorizados.
¿Hay evidencias del cambio climático en Cabrera?
—Lo tenemos muy en cuenta. Tenemos una serie de medidores y estaciones meteorológicas. El pasado julio, el SOCIB instaló una terminal de sensores marinos de salinidad y temperatura en tiempo real y una cámara, todo ello enfocado a estudios posteriores sobre los efectos del cambio climático. De momento, hemos notado incrementos en las temperaturas medias. Hay estudios en marcha, por ejemplo sobre los impactos en las praderas de posidonia. En este sentido, Cabrera es un laboratorio de proyectos de investigación, pero se necesitan años para determinar la evolución. Todas estas investigaciones, además de las del cambio climático, son necesarias para mejorar la conservación y la gestión del parque.
¿Qué datos tenemos de visitantes?
—Los datos actualizados de 2024 son de 70.000 visitantes, lo que es poco comparado con otros parques nacionales. De éstos, 9.000 corresponden a permisos de navegación y 37.000 a fondeos nocturnos. De buceo se dieron 230 autorizaciones para un total de 2.500 submarinistas. El transporte colectivo turístico de las llamadas golondrinas supuso 21.000 visitantes.
¿Y con qué personal cuenta el parque nacional?
—Con unas 50 personas, suficientes para gestionar la afluencia de visitantes y el uso público. Este personal incluye los correspondientes turnos de informadores, guías,, patrones de embarcaciones y agentes de Medi Ambient para la vigilancia de la navegación y la pesca, y la brigada de mantenimiento, que también se dedica al control de los recursos: nivel del acuífero, cloración del depósito de agua o suministro energético, consistente en una instalación fotovoltaica y dos generadores de refuerzo para el invierno.
¿Qué infracciones se han detectado?
—En 2024 se levantaron 80 actas, mayoritariamente relacionadas con navegaciones y fondeos no permitidos. Otras infracciones se refieren a navegaciones a altas velocidades o amarrarse a una boya sin tener permiso para ello, así como desembarcar en zonas no autorizadas. En el ámbito terrestre, hay infracciones de personas que se salen de las rutas establecidas y deambulan por áreas no permitidas.
El nuevo Pla Rector d’Usos i Gestió, que ahora se someterá a exposición pública, prevé que 60.000 hectáreas marinas sean de protección estricta, es decir, sin posibilidad de pesca profesional ni recreativa.
—Estas 60.000 hectáreas se sitúan alrededor del escarpe de Émile Baudot. La profundidad llega a 2.000 metros y se ha considerado la presencia de ecosistemas de gran valor y de un corredor ecológico muy importante de grandes cetáceos, tiburones y tortugas marinas. Es una zona a la que acuden embarcaciones de palangre de superficie de fuera de Baleares. Nuestras embarcaciones de pesca artesanal tradicional no faenan allí. Hay unas 50 embarcaciones autorizadas -es un censo cerrado- para faenar en Cabrera en las zonas específicas para ello y en 2024 un total de 22 lo hicieron.
¿Qué actuaciones hay previstas a corto plazo?
—Una de ellas es el vertido cero de aguas depuradas en el mar. Vamos a mejorar las dos depuradoras existentes y eliminar los respectivos emisarios submarinos, de tal manera que las aguas depuradas serán infiltradas en terrenos propicios para ello después de realizar las oportunas catas para no afectar a acuíferos. Otro proyecto es la instalación de una red de telemetría acústica submarina, con 50 receptores, para detectar animales marcados con un código internacional. Igualmente, habrá que reformar el Castell, lo que obligará a su cierre provisional, y realizar obras de mejora en el Centre d’Interpretació de la Colònia de Sant Jordi para reforzar su potencial educativo.
Alfalfa8¿Estás de broma tío? a mi me bloquean más comentarios de los que te imaginas, que te imaginas demasiado con tu gran facilidad para imaginar.