La demencia es la principal causa de discapacidad en la tercera edad y detrás de cada nuevo diagnóstico hay una familia que se debate entre cuidar a los suyos en casa o requerir los servicios de terceros. Otros llegan mucho antes a esa dicotomía, tras toda una vida cuidando de sus hijos con diversidad funcional.
Una encuesta realizada por la Fundación Pasqual Maragall en 2019-2020 refleja que ante esta disyuntiva si preguntamos al paciente el 72 % prefiere ser cuidado por su familia y permanecer en su hogar el máximo tiempo posible. No obstante el 70 % de ellos manifiesta que cuando no pueda valerse por sí mismo querría ser trasladado a vivir a una residencia.
Los cambios en la pirámide de población en Baleares, cada vez más envejecida, tensionan el sistema dificultando ambas alternativas. Se estima que en 2030 uno de cada tres habitantes de las Islas tendrá más de 50 años. ¿Quién cuida a los cuidadores a medida que estos se hacen mayores?
Envejecer en casa evita el desarraigo y contribuye a preservar los recuerdos de vida, pero a la vez el cuidado de una persona dependiente requiere una constante supervisión que tiene consecuencias también para los cuidadores. Tanto es así que se ha descrito un síndrome que experimentan quienes se dedican a cuidar a un ser querido. Se caracteriza por fatiga, estrés, ansiedad, depresión, irritabilidad y problemas de salud física como dolores musculares, cefaleas o problemas gastrointestinales. Recibe el nombre de síndrome del cuidador.
Para diagnosticar ese síndrome los profesionales utilizan la Escala de Zarit, un cuestionario de 22 preguntas que mide el nivel de sobrecarga y su repercusión sobre la salud física, psíquica, las relaciones sociales y otros aspectos de la vida del cuidador. Hay maneras de prevenirlo.
Delegar funciones, evitar el aislamiento, y los niveles de estrés elevados, hablar de la evolución del paciente con otros familiares o cuidadores, mantener hábitos de vida saludables y tener momentos de respiro y descanso son algunas de las recomendaciones que dan los especialistas para evitar quemarse.
Talleres para cuidadores
Desde el año 2011 la gerencia de IBSalut organiza, en coordinación con el Institut Mallorquí d’Afers Socials y la Unidad de dependencia, talleres para cuidadores en los diferentes centro de salud de la Isla. En ellos ofrecen formación en grupo a las personas cuidadoras para ayudarlas en un proceso que no es fácil. La mayoría de quienes asisten a las sesiones son mujeres, muchas de ellas de avanzada edad, a cargo de sus padres, parejas o hijos. Desde que empezó el programa se han impartido casi 300 talleres por los que han pasado ya 3.500 personas.
Durante doce sesiones hablan de la experiencia del cuidado y la promoción de la autonomía. Tratan cuestiones como la alimentación, la higiene, los cuidados de la piel, la movilización y ergonomía del cuidado y del cuidador, la afectividad, los recursos sanitarios, el final de vida y el uso seguro de medicamentos. El abordaje es multidisciplinar con profesionales como el personal de enfermería, farmacia o fisioterapia.
La última memoria del IMAS correspondiente al ejercicio 2024 contabiliza 305 asistentes a los talleres de familias cuidadoras de personas dependientes ese año, de los que 249 fueron mujeres.
Es uno de los contados recursos públicos que ponen el foco en los cuidadores. Como casi todo lo que tiene que ver con la atención a las personas con discapacidad, la mayoría de recursos asistenciales los ofrecen entidades impulsadas por las propias familias hace décadas cuando los servicios públicos centrados en la atención de los niños con diversidad funcional eran una quimera. Entonces la educación ordinaria expulsaba del sistema a los niños y niñas con necesidades educativas especiales y entidades como el Patronato Joan XXIII en Inca o el ya extinto Gaspar Hauser en Palma, entre otros, impulsaron la creación de centros escolares específicos para atender a los hijos.
A medida que aquellos primeros usuarios iban cumpliendo años se crearon nuevos servicios como las escuelas taller, los centros de día, las viviendas tuteladas o las residencias. Para los cuidadores cada una de estas etapas supone nuevos retos físicos y emocionales. Con el envejecimiento se disparan los miedos.
«El futuro y la falta de los cuidadores principales, es la preocupación más recurrente entre las familias y genera gran angustia. Les preocupa quién se hará cargo de sus hijos cuando los padres ya no puedan, ya sea por edad, enfermedad o fallecimiento. Les preocupa de qué vivirán y dónde estarán e intentan alargar al máximo el tiempo en el centro de día antes de pasar a residencia, ya que los cambios les dan miedo, necesitan tenerlo todo planificado por adelantado», explica Azuzena Subires, coordinadora de centros y servicios de la Fundació Patronat Joan XXIII.
Los especialistas de estos centros (actualmente concertados con IMAS) implementan diferentes estrategias para abordar las preocupaciones de los familiares, mediante el acompañamiento e información legal y burocrática, pero también psicológica.
En casos como el de Joan XXIII, en el que se asiste en todas las etapas de la vida, buena parte de los usuarios se conocen y ya compartieron aula siendo niños, taller ocupacional siendo jóvenes, centro de día siendo adultos y vuelven a coincidir con sus compañeros de vida en la residencia. Ese conocimiento del entorno facilita la transición de las personas con discapacidad en el recorrido. El problema es que no es una opción para todos. El sistema cada vez está más tensionado y crecen las listas de espera en todas las residencias públicas y concertadas de las Islas.
Colapso del sistema
Aunque Baleares es una de las comunidades autónomas con menos personas mayores de 65 años en España, 16 de cada cien residentes ya han superado esa franja de edad y la tendencia hacia un envejecimiento poblacional es innegable.
Según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística, en 2045 habrá 15,9 millones de personas mayores de 65 años en España lo que equivale al 20,4 % de la población total. Esta proyección eleva en tres décimas la previsión de hace un año y marca el nivel más alto registrado hasta la fecha.
La generación del baby boom está empezando a jubilarse y eso se nota en unos sistemas de protección social ya tensionados. Se estima que la presión sobre los sistemas asistenciales seguirá aumentando hasta alcanzar su punto álgido en 2035. El desafío para las administraciones pero también para las familias es más que evidente. ¿Quién cuidará al cuidador cuando se haga mayor y pase a ser una persona dependiente? ¿Quién cuidará a las personas que ahora tienen esos cuidadores a cargo?
En 2024 España registraba cinco millones de hogares con al menos una persona de 65 años o más de los que un 24,5 % tenían a personas mayores en situación de dependencia. Un estudio de la Sociedad Española de Geriatría y Gerentología (SEGG) y LUBDOR realizado a partir de 4.000 encuestas a cuidadores advertía ya entonces de que 477.600 de esos hogares recibían servicios de ayuda a domicilio y el 17,7 % declaró tener «mucha dificultad» para afrontar el pago del servicio domiciliario. Más de 530.000 presentaban necesidades no cubiertas.
¿Ocurre también en Baleares? ¿Cuáles son las estrategias que están implementando las administraciones públicas?
Estrategia para afrontar el reto en Baleares
La Estrategia ante el Reto demográfico y el Envejecimiento activo y saludable (2022-2030) del IMAS es la principal hoja de ruta para abordar un cambio de modelo en las Islas. Parte de la premisa de que mantener a las personas activas, autónomas e independientes durante el periodo de tiempo más largo posible, contribuye a mejorar su calidad de vida.
Su nuevo abordaje implica un cambio en el modelo de cuidados tradicional y apuesta por el Servicio de Atención Integral a Domicilio (SAID) como elemento transformador del modelo sociosanitario. Según la última memoria de datos, correspondiente al ejercicio 2024,el año pasado se atendieron casos en 34 municipios de las Islas con un servicio total de asistencia de 172.745 horas. La mayoría de usuarios (253 casos) eran de personas dependientes de grado II, seguidos de cerca por usuarios de grado I (253 casos) y a gran distancia de grado III (154 casos).
El compromiso de la Estratgia ante el Reto Demográfico 2022-2030 era el de ampliar los servicios existentes e incorporar otros nuevos como la limpieza, la podología, la estimulación cognitiva a domicilio, la terapia ocupacional o la fisioterapia, entre otros.
La lista de espera de la dependencia aumentó en la primera mitad de 2025 en Baleares un 10,4 % hasta las 6.564 personas, según la Asociación de Directores y Gerentes en Servicios Sociales. El tiempo medio registrado para tramitar los expedientes es de 232 días, 16 menos que en el mismo periodo de 2023.
La espera media en las Islas es inferior a la media nacional que se sitúa en 342 días pero supera los 180 días que marca la normativa. Buena parte de los solicitantes precisan el trámite para conseguir una plaza en centros de día o residencias.
¿Qué ocurre cuando cuando vivir en casa a cargo de sus cuidadores ya no es una opción para las personas dependientes?
Existen distintos recursos residenciales pensados para colectivos de perfiles específicos como la discapacidad psíquica, el autismo o el down, gestionados a través de entidades como Amadiba, Asproscom, Asmimo, Aspace, Mater Misericordia o el Patronat d’Inca, que están concertadas con el IMAS. En 2024 se beneficiaron de ellas 476 personas.
A estas plazas hay que sumar las de residencias y centros de día para personas dependientes que gestionan mayoritariamente entidades con plazas concertadas con el IMAS (1.378 unidades) o bien de titularidad directa del propio instituto (1.378 plazas).
El Govern lo Arreglará. Para mi Madre muerta ya. Ningún tipo de AYUDDA. Yo trabajando siempre me dejaron SORDO. Hipoacusia Grave. 15% discapacidad. Parásitos,corruptos y vividores.