«La noche ha sido tranquila», aseguraba uno de los técnicos que el día después del desalojo y sellado del conocido como 'Edificio de los Horrores' atendía al personal de la empresa de seguridad contratada para evitar futuras incursiones en el número 31 de la palmesana calle de Reyes Católicos. Un bloque que «desde 2006», según refiere un vecino, ha sido un foco de problemas, inseguridad e incivismo en la zona, donde los residentes respiran aliviados. Lo hacen después de que la Policía Local procediera, junto a representantes de la propiedad, a tomar el control del bloque. «Había coches buenos, caros; llevan buenos móviles y patinetes eléctricos...», explica uno de los representantes de la constructora.
No muy lejos, varias personas a las que los vecinos vinculan con las actividades ilícitas allí desarrolladas observan el panorama, mientras un empleado de una empresa de alarmas procede a instalar nuevos equipamientos. La promotora que retomará los trabajos y rematará la construcción del edificio mantiene vigilancia permanente y ha iniciado las gestiones para proceder a la limpieza de los bajos y las diferentes plantas. «Aquí hay para varios camiones», asegura la persona que evaluó el impacto de la okupación en forma de residuos y demás enseres que quedaron allí, asegurando quienes allí entraron por primera vez que vieron ratas rondar por las plantas superiores.
Historial
Tres lustros de okupación, en los que la venta y consumo de sustancias estupefacientes, la prostitución, incidentes, peleas, agresiones e incluso algún deceso quedan por el camino, aunque todos tienen claro que el edificio «era un prostíbulo». De hecho, explica uno de los trabajadores que, el lunes, «se presentaron dos chicas con clientes» a quienes denegaron el acceso al 'Edificio de los Horrores', ya bajo el poder de sus legítimos propietarios.
Entrada la noche del lunes, se logró sellar la puerta principal de acceso, en los bajos del 31 de Reyes Católicos. De puertas hacia adentro, el panorama es desolador. Malos olores, basura, residuos de todo tipo y alguna que otra rata asoma por el interior, en el que la falta de protección de las escaleras (apenas unos somieres como amortiguadores) hacen preguntarse a los operarios «cómo no se ha matado más gente aquí».
'No botar más mierda'
'No botar más mierda', reza una pintada en el acceso al primer piso, instando a los okupas a no lanzar más basura a los bajos, señalando el lanzamiento de garrafas de agua e incluso de botellas de cristal a la calle desde el interior de las viviendas. Por los escalones a medio hacer se llega a las diferentes plantas, en las que se observan muebles, utensilios de cocina, comida incluso o electrodomésticos (neveras, hornos, microondas, equipos de climatización, televisores...) alimentados por la básica y peligrosa instalación eléctrica.
Sofás, armarios y camas todavía hechas, e incluso algún condón y envoltorios de profilácticos asoman en unas estancias que, en algunos casos, exhiben suelos embaldosados y de parqué, además de trabajos de albañilería y pintura que reflejan la magnitud y duración en el tiempo de la okupación. La azotea, tapiada, es una caja de sorpresas. Allí se observan desde los bloques colindantes, restos de la obra y otros dejados allí por los okupas. «No sé cómo no se ha pegado fuego», espeta uno de los técnicos a lo largo de este recorrido en el que el hedor resulta insoportable, al igual que imágenes como las de botellas rellenadas con orina, como delata el olor que desprenden.
Sin servicios
Aunque los okupas tenían suministro eléctrico, no contaban con acceso a la red de agua corriente, trayéndola desde la calle mediante grandes garrafas que aparecen por todos los rincones del 'Edificio de los Horrores', donde quedan algunos platos de ducha en pie. Un espacio en el que arranca una larga y compleja labor de limpieza, antes de concluir una construcción que arrancó hace dos décadas, un tiempo que ha sido una pesadilla para los vecinos, que respiran aliviados tras la 'liberación' del edificio, por el que pasa regularmente alguna dotación policial para percatarse de que todo está en orden. Un colectivo, el de las fuerzas de seguridad, cansado también de acudir allí durante años sin poder hacer nada para sacar a sus molestos ocupantes.
No deberían existir "Edificios de los Horrores", ni "Solares de los Horrores" tampoco. Todo esto es por la maldita especulación. Si tienes propiedad dentro del entramado de ciudad o deberías tener una vivienda construida y en condiciones, obligado a venderla o alquilarla en un determinado plazo. Así que lo único "de horrores" que hay en este tercermundista país son nuestros políticos y las leyes que hacen. Gracias a ellos hay fincas vacias y abandonadas por todo de Mallorquines con avaricia de pegar el pelotazo.