Miquel Colom (Sóller, 1959) acaba de jubilarse como jefe del Servei de Residus i Sòls Contaminats, cargo que ejercía desde 1996. Ha trabajado 40 años en la administración autonómica.
Cuarenta años son muchos.
—Sí, y he sido afortunado porque mi trabajo me gustaba. Tras doctorarme en Química, empecé en 1985 en el Govern como jefe del laboratorio de medio ambiente industrial, lo que me obligó a subirme a chimeneas a tomar muestras de humos. En esa época no había sensores y no habríamos superado las normativas actuales de riesgos laborales. No tenía vocación de funcionario, pero me atraían las cuestiones ambientales. En 1988 pasé a ser jefe de la Secció de Medi Ambient Industrial. En 1990 se creó la Direcció General de Medi Ambient. Cada vez había más normas y más trabajo por hacer. En 1996 se creó la plaza específica de jefe del Servei de Residus, que ocupé por libre designación hasta que la gané en propiedad en 2001.
Cada vez había más normas, hasta resultar apabullantes.
—Cuando entré en el Govern, era vigente la la Ley estatal de Desechos Urbanos de 1972. Podemos enumerar la Ley de Residuos Peligrosos de 1983, la Ley de Residuos de 1998, la Ley de Envases de 1997, la Ley de Residuos y Suelos Contaminados de 2011, nuestra Llei de Residus de 2018 y la Ley estatal de Residuos de 2022, más todas las transposiciones de numerosas directivas europeas.
Con un siglo XX de vertederos generalizados.
—Cada municipio tenía el suyo hasta que en 1989 el Parlament decidió que los ayuntamientos se encargarían de la recogida, pero el tratamiento lo asumirían los consells insulars, dando lugar a los primeros planes directores sectoriales de residuos sólidos urbanos. En el caso de Mallorca, se optó por la incineración.
¿Cómo valora la evolución de la gestión de residuos a lo largo de estos años?
—Se ha avanzado mucho, sobre todo si la ves en perspectiva. Baleares está por debajo del porcentaje máximo de residuos en vertedero. En Mallorca, vertedero legal sólo tenemos el de emergencia de Son Reus, que es propiedad de Emaya, por si hay algún problema con la incineradora. La verdad es que hay demasiada normativa, con transposiciones, modificaciones y actualizaciones de directivas para diferentes tipos de residuos e instalaciones. Tanta normativa no redunda en un beneficio claro, no se refleja en la realidad deseada.
Y supongo que con una burocracia que desborda.
—Normativas, relaciones con el Estado y la Unión Europea, autorizaciones, permisos, inspecciones... Cualquier actividad relacionada con la gestión y el transporte de residuos tenía que estar notificada con hasta cinco copias. Eso generó montañas de papel. Ahora contamos con una plataforma informática que simplifica y facilita la labor, y permitirá contar con una buena estadística. En Baleares hay más de 15.000 empresas inscritas en el registro de producción y gestión de residuos, y eso incluye talleres, hoteles, gestores, transportistas, almacenistas... En un año, en las Islas se generan 225.000 movimientos de residuos, y eso que somos una comunidad pequeña y poco industrial.
¿Cuántas denuncias de vertederos ilegales recibe el servicio al año?
—Unas 300, del Servicio de Protección de la Naturaleza -Seprona- de la Guardia Civil, Agents de Medi Ambient y particulares.
¿Permanece la cultura de arrojar residuos a torrentes y solares?
—Antes se hacía sin ningún remordimiento ni mala conciencia. Actualmente hay más mecanismos y recursos para desprenderse de los residuos y si se tiran a un torrente o un solar, se hace sabiendo que se actúa mal. De todos modos, seguimos escuchando aquello de «para qué sirve separar los residuos si luego los juntan todos y los queman».
Hay proyectos de uso de la IA para detectar amianto o vertederos ilegales.
—Sí, puede representar un potencial bestial, pero de poco servirá sin más personal. Si con la IA vamos a detectar más infracciones, habrá que contar con recursos humanos para tramitar todos esos expedientes. Si no es así, habrá que limitarse a establecer prioridades.
En Alemania o Escocia llevar cualquier tipo de residuos a un punto verde es gratis, no te cobran por ello. Aquí tienes que pagar unas tasas elevadas. Quizá si se suprimieran esas tasas la gente llevaría sus residuos allí.