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INCENDIOS INTENCIONADOS

Pistas sobre tierra quemada: En busca del pirómano

Los investigadores del UPRONA de la Guardia Civil desvelan las claves para encontrar a los culpables de los incendios forestales que han asolado las Islas

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El Cabo Primero Ventura y el guardia civil Juan, investigador de incendios, llegan puntuales a la cita en uno de los campos quemados recientemente por el hombre detenido hace poco más de un mes. «Va a ser muy difícil enseñarte los vestigios del fuego. En cualquier incendio recién extinguido hay que llegar muy rápido, pero aquí en la Albufera más. La vegetación crece inmediatamente», explica Ventura.

Justo en ese punto, un testigo identificó al sospechoso. De hecho, recopilar la información de los presentes es, sin duda, el primer piso para que la investigación de un incendio llegue a buen puerto. «Hay que recabar la máxima información en el momento. Cualquier dato que te den es bueno. Si había un hombre ahí, yo tengo que saber que ese hombre estaba ahí», continúa. Para hacerlo, se dividen y revisan la zona sin siquiera hablar el uno con el otro. Es su estrategia para no contaminarse con la opinión del compañero: «Porque cuando otro te dice que cree que el fuego se ha iniciado allí, es muy fácil dejarse llevar por la misma idea», añade Juan.

Una vez que han entrevistado a cualquier posible informante, es el turno de lo que ellos llaman «los vestigios del fuego». Eso les permitirá llegar a la misma conclusión descartando el llamado cuadro de indicadores. «Tienes que tener en cuenta todas las cosas que pueden haber provocado el incendio. No vale con que creas cuál es la causa», afirman.

Nos rodea una extensión de tierra quemada; pero para ellos, es el escenario del crimen. Analizan desde las ramas, que determinan la dirección del fuego en base al lado que aparece más carbonizado. También las piedras o el ángulo de las plantas gramíneas porque al caer en mitad de un incendio lo hacen sobre el lado quemado. «Fíjate, aquí vemos que cogió una altura de medio metro. Eso ya es una pista», explica Ventura señalando un vestigio.

Las estructuras cercanas también aportan datos; como la existencia de torres eléctricas que pudieran producir una chispa, restos de cristales o incluso los raíles de un ferrocarril. «Vas descartando. Aquí, por ejemplo, también tenemos un camino por lo que tenemos que contemplar la posibilidad de que alguien tirase una colilla. Si no haces este proceso, no puedes llegar a saber si es o no intencionado», dicen.

Ese minucioso trabajo, que llevan a cabo armados con un maletín de herramientas, les lleva al corazón de una investigación: El área de inicio. «Se te pueden quemar 700.000 hectáreas si quieres, pero evidentemente, no podemos buscar en todo ese terreno. Con la información que recopilas lo reduces a unos pocos metros. Vas marcándolo con piquetas y con cuerdas carriles. El área de inicio es algo que se consigue al 100% siempre, al menos reducirlo a 5 o 10m2», revelan. Eso sí, lo que llaman 'el punto de inicio' sí es más difícil de determinar.

En la propia unidad, cuentan con pilotos de dron que les ofrecen el dibujo del incendio desde arriba. Teniendo en cuenta el tipo de terreno y su pendiente, si nos encontramos en plano y no hay viento, el dibujo se expandirá de forma radial. También les permite ver las zonas en las que el fuego ha quemado con más intensidad, «así sabemos si las llamas se entretuvieron más tiempo en un punto u otro y comprobamos el por qué, si hay panales de abejas o cualquier otro elemento que sea combustible. Cuando eso pasa las cenizas son blancas», añaden.

En la mayoría de incendios intencionados, los investigadores detectan varios focos y si están a una distancia que una sola persona no puede cubrir, saben que el autor del incendio no ha trabajado sólo. También al contrario, cuando se detectan áreas de inicio distintas pero separadas en tiempo y poco espacio. Ambos confiesan que en la investigación de un incendio intencionado no siempre aparecen garrafas de gasolina como en las películas: «El acelerante que más usan aquí es papel, normal y corriente», cuentan.

«El caso de la mayor condena en Baleares por incendio forestal nos trajo de cabeza. El hombre sabía como funcionaba el fuego. Hacía una mecha y sabía donde tenía que ponerla. Un patrón así ya te dice que el autor no es cualquier vecino. El pirómano más difícil de detener es el que conoce la mecánica del fuego y el bosque», revela Ventura.

La inspección ocular de un fuego forestal debe hacerse a marchas forzadas; en un sólo día si es posible, luego, las investigaciones al respecto sí pueden alargarse varios años incluso: «Te puedes encontrar con 50 sospechosos. Cualquiera que haya pasado por el lugar, lo es. Entonces, necesitas las pruebas para demostrarlo. De ahí los seguimientos y el resto de las pesquisas que llevamos a cabo», aclaran.

A nivel forestal, las dos zonas que más sufren el fuego son la Albufera y la Serra de Tramuntana; por su alto valor medioambiental, pero no siempre la causa se relaciona con pirómanos que buscan algún tipo de interés al quemar el terreno, también existe «una cultura arraigada de quema de cañas para limpiar el terreno, por ejemplo, que pueden llegar a descontrolarse», explica Juan.

Sólo el verano pasado, investigaron hasta 19 incendios distintos; todos forestales, el principal objetivo de su labor diaria. «Fue un verano duro», confiesan; pero gracias a ellos la impunidad de los autores desaparece y con ellos, decenas de hectáreas de nuestra tierra salvadas por un equipo de ojos entrenados al más mínimo detalle.

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