En la misma semana en que Australia anuncia la entrada en vigor el próximo 10 de diciembre de la prohibición de las redes sociales para los menores de 16 años, la UD Mahón ha hecho lo propio con los teléfonos móviles en el campo municipal de San Carlos.
Desde este miércoles, el recinto deportivo se ha convertido en un espacio libre de estos dispositivos para todos los menores de 16 años. Así lo ha decretado la Junta Directiva que preside Dino Gelabert tras consultarlo con expertos en la materia.
Frustración y abstinencia
Claudia Fernández, directora de Gabinete Insight y especializada en psicología pediátrica, advertía en su momento que se están «creando generaciones que toleran muy poco el aburrimiento y la frustración».
De hecho, un «largo periodo de abstinencia», como puede ser una hora y media de entrenamiento o de partido, provoca que el primer impulso de los menores sea querer mirar el móvil, tal y como apunta Anxo Blanco, especializado en psicología deportiva.
La medida de la Unión se extiende desde la grada hasta los vestuarios, pasando también —como no podía ser de otra manera— por el terreno de juego. Su intención es que la única preocupación que exista sea el fútbol.
Hacer equipo e interactuar
El presidente Dino Gelabert explica que es una idea que ya les «rondaba por la cabeza hace un tiempo» y que finalmente puso sobre la mesa la coordinadora Irene Olives. «Nace, más que nada, por el hecho de ver que el móvil ganaba cada vez más presencia en zonas donde antes no estaba o no se esperaba. No puede ser que la hora y media antes del partido, ya con el equipo concentrado, esté la gente pendiente del móvil enviando mensajes y no esté pensando en fútbol», desarrolla el máximo mandatario gualdiazul.
La responsable del fútbol base va más allá y señala una evidente «falta de comunicación» y un preocupante estado físico entre los jugadores de la cantera. «Tienen problemas a la hora de expresarse y se muestran muy pasivos. Físicamente están fatal y tienen muy poco fondo», detalla sobre algunos de los problemas a nivel mental y motriz que se encuentra en los más pequeños, pero que aparecen también entre los mayores.
«Hay chavales que vienen de estar encerrados en casa durante el verano con el móvil, la tablet, la PlayStation... en vez de salir y coger la bici, por poner un ejemplo. Ahora es cuando se ve que muchos no aguantan un partido entero y si se hace trabajo físico, se llegan a marear y vomitar», subraya.
«El móvil y su presencia han evolucionado hasta puntos en los que pueden provocarse situaciones que no son buenas», continúa explicando Dino Gelabert, quien pone el vestuario como ejemplo de lugar sagrado —y donde ya estaban prohibidos con anterioridad—.
«Lo que pasa en el vestuario, se queda en el vestuario. Son cosas de equipo y hay que disfrutarlas. Considero que los trofeos no los ganan los mejores jugadores, sino los mejores equipos. Y para hacer equipo se tiene que hacer piña. Y piña no es hacerse selfis y colgar fotos, sino conocer a las personas que tienes a tu alrededor», sostiene el presidente. En este sentido, Irene Olives también lo ve como una forma de crear «entornos seguros para interactuar» y que velan por el «respeto a la privacidad».
La medida ha sido muy bien acogida tanto por los entrenadores como por los padres, que deben ser ejemplares al ser los ejemplos de los niños. «Es muy importante que los padres se hagan partícipes de esta decisión para que los niños sean capaces de entenderla», destaca Gelabert. Otros clubes de la Isla ya se han interesado por la iniciativa y se plantean implementarla.
Unos meses en Dagestán