La Roda puso el broche final al Campeonato de España Absoluto de Ajedrez para personas ciegas o con discapacidad visual grave, con 53 jugadores y entre ellos, el ajedrecista de Maó, Joan Fuster (51 años), agente vendedor de la ONCE y un ‘crack’ en los tableros. Con una minusvalía del 92 por ciento de nacimiento y degenerativa y por la que– dependiendo de las condiciones lumínicas– consigue ver o distinguir algunas formas y colores vivos, Fuster partía en el puesto 19 y finalizó el 20.
La historia del menorquín, un habitual en los campeonatos en Menorca, es otra muestra de superación y de romper barreras. Desde los siete años fue a un colegio para personas ciegas o deficientes visuales en Alicante, donde comenzó a mover las piezas del ajedrez: «Me enseñó mi hermana mayor, que también es ciega. En el colegio, en los ratos libres, también jugaba con los compañeros y ya más adolescente jugaba en casa con mi padre», recuerda el mahonés, quien empezó a competir en Barcelona, con 27 años. «Algo tarde. Mi primer torneo oficial fue en Galicia y con algún problema con el tema de la ficha internacional, ya que pusieron que yo era de allí pero ya está arreglado».
«Claro que querer es poder»
El ajedrez es un deporte de larga tradición entre las personas con discapacidad visual y Fuster, un apasionado, suele ser un habitual en el calendario insular. «Intento jugarlo todo en la medida que puedo, ya que a veces tengo torneo internacional que, o bien me invita la ONCE o bien voy por mi cuenta», recalcando Fuster que la mayoría de torneos aquí son con gente ‘vidente’ y se realizan con total normalidad. «Es con dos tableros, ya que el mío es adaptado y muy pequeño; también usamos unos relojes que en apariencia son normales pero tienen una característica especial para que podamos escuchar el tiempo que nos queda a cada uno», nos explica, añadiendo que, en su caso, «también usamos soportes de anotación de las partidas, ‘bralle’ o grabadora; y en algunos se usa planilla ampliada para aquellos con un resto visual razonable».
En cuanto a su relación con su oponente durante la partida, nos explica Fuster que, «hay que comunicarse con el rival de forma verbal. Si es de habla castellana, se usa la nomenclatura algebraica (letras de la ‘a’ a la ‘h’ para columnas y del 1 al 8 para las filas». En cambio, en caso que se tenga que jugar con alguien con distinto idioma como le ocurre fuera de España, «toca otro tipo de nomenclatura. El nombre de las piezas se deben decir en alemán, como los números. Para las columnas se usan nombres prefijados para indicarlas. Por, ejemplo: ‘Dame David 3, que sería que la dama la pones en la columna D y en la tercera fila’», detalla Fuster, quien, en su caso, suele adaptarse al inglés sin problema, tras haber jugado contra franceses, alemanes o belgas.
A pesar de que el ajedrez es uno de los deportes más adaptados, «un invidente siempre jugará con desventaja ante alguien que sí ve. Pero sí, es el deporte que ha logrado eliminar todas las barreras para poder jugar de tú a tú contra cualquiera», dice orgulloso y a pesar de que, «en alguna ocasión he tenido que soportar de un rival la frase: ‘Es que tú tienes ventaja’, a lo que respondo: ‘Si quiere, usted juegue con los ojos tapados y yo con su vista’, y se acabaron los lloros».
Fuster, para acabar entona e querer es poder. «Siempre se puede tener una excusa para no iniciar una actividad y con el ajedrez sucede lo mismo; también tengo que decir que como cualquier deporte, o te gusta o ni en broma te pones a pensar». En su caso, «quiero y puedo y, es más, ya tengo cinco tableros adaptados y me compré dos lámparas y varias baterías, siempre buscando la mayor comodidad para que esa distancia de pequeña desventaja se reduzca lo más posible», zanja.