El Avarca se quedó a las puertas de lograr su tercera Supercopa. En esta ocasión, el trofeo se lo llevó Heidelberg. Los dos mejores conjuntos del voleibol español actual se vieron las caras por tercera vez en una final, en un duelo que volvió a demostrar por qué ambas escuadras dominan la competición.
Hasta el momento, un trofeo había caído del lado de la red, y en Guadalajara, las grancanarias se mostraron más sólidas, aprovechando la desconexión del Avarca en los tramos finales del segundo y tercer set. El conjunto menorquín sufrió para mantener el ritmo y cometió errores que Heidelberg supo capitalizar con remates potentes y defensa impecable. Sin embargo, las guerreras de Menorca no bajaron los brazos. En el cuarto y quinto set tiraron de coraje y fuerza, con ataques precisos de Pascua, la puntería de Hiruela y la consistencia de Sulser. No fue suficiente para detener a la escuadra liderada por Matienzo, que mantuvo a las vigentes campeonas de liga. El Avarca murió en la orilla.
Intensidad propia de una final
Ambos conjuntos salieron a por todas desde el minuto cero. Sin reservas, sin pausa, el partido era un toma y daca sin un dominador claro. No era un encuentro cualquiera: era una final, y se notaba en cada grito y en cada punto. Un trazallo de Pascua puso los nervios al banquillo, y Navarro tuvo que parar el encuentro. Sin embargo, Menorca había puesto la directa para el primer set (16-19; 16-21). Las grancanarias intentaron sostenerse, pero fue insuficiente: la primera manga se tiñó de rojo (20-25).
El plantel de Bep Llorens comenzó mejor, pero había que sostenerlo. Ambos equipos apostaban por un juego muy directo. Sulser se hacía gigante en la red, mientras Ivone dejaba huella con un remate que engañó hasta al público en Guadalajara (5-7). Las de Menorca no tuvieron suerte en la finalización: dos remates, de Neves y Pascua, se marcharon por poco (7-7). La igualdad era máxima. Si Sulser sumaba un punto desde el fondo de pista, Bednarek respondía con un misil desde la red (18-18).
El Avarca estuvo contra las cuerdas en el segundo set, con una desventaja de dos puntos. Llorens introdujo en los compases finales a Marcella Amaral —en la pasada edición sufrió una lesión que la dejó prácticamente todo el año fuera— para dar aire fresco al equipo. Sin embargo, un gran block out de McKenzie y un obús de Matienzo devolvieron las tablas al electrónico (25-22).
El conjunto de las Islas Canarias le tenía cogida la medida a las bermellonas. El técnico ciutadellenc paró el duelo y pidió tranquilidad a sus jugadoras. El equipo menorquín parecía estar desconectado, mientras Matienzo y Novoa seguían haciendo mella en la herida (13-5). Llorens intentó poner una tirita en forma de tiempo muerto, pero la herida era demasiado grande. Con una diferencia tan amplia, entró Echávarri para dar la alternativa. No hubo challenge: las vigentes campeonas de Liga se llevaron la manga a base de fusilazos de la receptora cubana (25-16).
El Avarca debía ofrecer su mejor versión si quería tener opciones de llevarse el cuarto juego. Uno de los factores pasaba por recuperar a la mejor Laura Pascua y a Hiruela en la anotación. Las guerreras lo intentaron, pero se toparon con un muro llamado: Heidelberg (11-11). Sulser sostenía desde la red. El set estaba en un puño (13-14; 16-17). La afición menorquina se heló en el momento en que su máxima anotadora cayó al suelo, aunque se tranquilizó con una mueca. Sin embargo, estaba claro que las vigentes campeonas sufrían el desgaste físico. Entraban en los puntos decisivos del encuentro (20-20). Matienzo tuvo la oportunidad de romper el duelo con uno de sus trazallos, pero no lo logró. Las pistoleras del Avarca —Laura y Samira— aprovecharon la ocasión para meterse en el bolsillo el juego (22-24). Las guerreras tuvieron dos puntos de set; en el primero apareció Novoa. El error en forma de regalo en el servicio de Van der Meer provocó la segunda oportunidad. Allí, la central suiza, que se mostró impecable en todo el encuentro, firmaba el dos a dos en el marcador.
Desenlace final
El quinto juego iba a ser testigo del campeón. El arbitraje también tuvo su protagonismo cuando el coach Bep Llorens pidió el challenge, pero no se visionaron las imágenes, manteniendo la decisión de la colegiada junto a una falta en la rotación, lo que ponía al equipo insular en apuros (5-0).
Las guerreras tenían que achicar agua si no querían perder la Supercopa (8-3). Los problemas continuaban para la escuadra de la Isla: Pascua tuvo que salir del partido. Los misiles de Hiruela y Sulser remaban para mantener viva la final (8-11), y lo consiguieron por momentos. Sin embargo, Heidelberg supo rehacerse. Las guerreras no pudieron cerrar la diferencia y cedieron la Supercopa.
Falta entrenador