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Menorca es el plató de una experiencia límite

Fernando Colomo dirige y protagoniza «Isla Bonita», su nueva y arriesgada película

Javier Coll

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Los actores se preparan para rodar una comida de amigos recientes en la cala Sant Esteve. Sus personajes hablarán (hoy tocan esos temas) sobre las dobles vidas, el suicidio, las casualidades, en medio de un conflicto amoroso que acaba de surgir en la escena anterior. Dos equipos de cámara se disponen a grabar, capitaneados por el director de fotografía, Alfonso Sanz. Improvisarán sobre la base de un guión que no llega a las 20 páginas. Nadie sabe a ciencia cierta lo que va a pasar, aunque todos tienen una idea de lo que tiene que pasar. Hay actores profesionales, los menorquines LluÍs Marqués y Olivia Delcán, y hay actores no profesionales, que se interpretan más o menos a sí mismos; son actores-persona. Como dice Olivia, «todos los personajes somos nosotros mismos pero en circunstancias y condiciones imaginarias. Pues como siempre, todos los trabajos actorales son así». Y acción.

La historia que cuentan comienza con la llegada a Menorca de un hombre, un realizador de publicidad, interpretado por el propio Fernando Colomo, que acaba de divorciarse y viene de retirada. Llega a la isla, «Isla Bonita», y se enamora fatalmente y nuevamente. Así empieza todo y hasta aquí podemos leer. A partir de ahí el guión va tomando cuerpo. El personaje-actriz Olivia manifiesta un segundo antes de rodar que «es importante tener un punto de vista de cada uno de los que están aquí, pero sincero, sea cual sea»; el personaje-actriz Nuria replica «¡Socorro!», Colomo da una orden que es una invitación: «Que habléis de vuestra tía Águeda nos viene al pelo», Carlos va a hablar de la ubicuidad y Olga se asombra de que todo el mundo parece tener una doble vida. Colomo advierte «no habléis mucho de mí ahora porque se supone que estoy deprimido». El guión va tomando cuerpo; en esta película, el guión es, en realidad, el resultado. Claqueta: «Isla Bonita, escena 45, plano 1, toma 1». Era la jefa de producción, la también menorquina Laia Foguet.

Para Alfonso Sanz es un reto como director de fotografía. Con muy pocos medios, tiene que bregar con las ausencias técnicas para captar los momentos esenciales de la historia: «Es un sistema muy difícil porque la falta de medios supone que te vas a encontrar con muchos, muchos problemas, pero de pronto la atención de todos se centra, sigues lo que está pasando delante de la cámara y aparecen cosas muy bonitas, aparecen momentos con muchísima fuerza».

Problemas también tiene el ingeniero de sonido, Antonio Mejías, por cuyos auriculares entran en torbellino centenares de sonidos ajenos o inconvenientes, pero problemas que se resuelven por la fuerza de lo que está pasando en el plató y porque este pequeño equipo está comprometido y rema en un solo sentido.

A la mañana siguiente se incorpora al rodaje, también como actor-no actor, interpretándose a sí mismo, el publicitario y novelista Miguel Ángel Furones, casi residente en Menorca y uno de los principales apoyos del proyecto. Si ayer estaban en cala St Esteve, ahora están en el puerto de Mahón, a bordo de un barco. Unos días antes han visitado Lithica, han rodado en cala Mitjana y Montgofra, después irán a Cavallería, Ciutadella, Sa Mesquida, Binigaus, Maó, toda la isla retratada en «Isla Bonita». Es un título provisional, pero con muchas opciones de ser definitivo porque a Colomo le encanta. Ya pensó en el título y en Menorca hace muchos años, cuando la canción «Isla Bonita», de Madonna , era número uno en las listas de todo el mundo.

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