La galería Aina Nowack ha dado el salto un verano más a la Isla para acercar su propuesta de arte contemporáneo. En esta ocasión a través de una muestra conjunta firmada por Alejandra Domic y Barbara Long, que se puede visitar hasta el 13 de este mes en Sant Lluís y que lleva por título «Metáforas de Hilos».
Según explican desde la reconocida galería, con sede central en Madrid, se trata de una propuesta a través de la que las dos artistas «entrelazan memoria, materia y transformación» a partir del uso de objetos recuperados en talleres y en medio de la naturaleza. Un planteamiento, hacen hincapié, en que las dos creadoras «trabajan desde lo íntimo y lo residual».
«Hay desorden por todas partes», destaca en su declaración artística la británica Barbara Long, «en el medio ambiente, en nuestros hogares y nuestras mentes». Y ello es lo que «impulsa mi práctica creativa», añade. La artista acostumbra a trabajar con fragmentos de obras y bocetos anteriores, trapos usados del taller, hilos, alambres viejos e incluso restos de poda de árboles.
Elementos que cobran un enfoque artístico a través de «procesos caseros», como por ejemplo la costura, el zurcido o el vendado, entre otros: «Artes supuestamente low o las manualidades habitualmente consideradas femeninas», señala.
Lo suyo es, continúa, «un proceso infatigable de hacer, deshacer y rehacer, un proceso creativo que a propósito dejo visible en la obra final». ¿Y el resultado? Pues tomando como inspiración formas de la naturaleza, sus esculturas evocan «nidos, recipientes, redes y jaulas que proyectan sombras en el espacio que las rodean». Explica Long que últimamente está profundizando en temáticas como la maternidad, la memoria y el legado y recuerda que solo se sirve de materiales reciclados y naturales.
La propuesta de Long convive en «Metáforas de Hilos» con la de Alejandra Domic, artista plástica chilena residente en Madrid, que se suma al discurso con su sello personal, el de crear obras a partir de prendas que fueron usadas. A Menorca llega con un proyecto que nació en otoño del año pasado con una serie de collage realizados con cortezas de pino, pan de oro, papeles y bordados a mano.
«Me he sentido una recolectora de cortezas, de imágenes, de prendas, mías o regaladas, que fueron usadas o que fueron ‘antes algo’». Elementos que cada uno de ellos tiene una historia implícita: «Un juego de perfección e imperfección en su construcción como pieza, en su uso y luego en su desuso».
En resumen, argumentan desde la galería, se trata de una exposición «donde el cuerpo, la memoria y la naturaleza entretejen los vínculos invisibles. Cada hilo cuenta una historia, cada fragmento es una metáfora».