La lectura del texto «Ayer enterramos a un niño en la ciudad. Vida y muerte de Chocolate», firmado por el historiador Tomeu Canyelles, fascinó hace unos años al periodista y dramaturgo Rafel Gallego y a través de él descubrió a un personaje «que me fascinó desde el primer momento», reconoce.
Está hablando de José Esteves de la Concepción, quien fue encontrado sin vida, con tan solo 13 años, en Palma en 1978. «Me pareció increíble que no hubiera conocido su historia antes», rememora el autor, quien en 2022 aprovechó una residencia artística en el Espai el Tub para esbozar lo que se convertiría en «Chocolate», un montaje teatral estrenado hace un año, de la mano de Produccions de Ferro, que el domingo se representa por primera vez en Menorca, en el Teatre des Born a las 19.30 horas.
Un viaje entre la memoria y el misterio
La obra, que puede ser definida como un viaje escénico entre la memoria y el misterio, se sirve como hilo conductor de la figura de un periodista embarcado en la investigación de los hechos en torno a la desaparición del joven. La versión oficial, la de la Policía, es que el niño fue víctima de una sobredosis, pero nadie se ocupó de verificar esa teoría, recuerda el autor.
Gallego, que también es periodista, recogió cerca de una decena de versiones diferentes, cuatro de las cuales plasma en «Chocolate», con Toni Gomila, Lluqui Herrero y Joan Carles en los papeles principales bajo la dirección de Rafel Durán. El resultado es una historia inspirada en la realidad, pero allí donde no llega la documentación encontrada «pongo imaginación y ficción», relata el escritor.
«Cada muerte que expongo remite a una vida diferente; hay un Chocolate más maduro, otro más pueril y uno más canalla. Es un personaje con muchas capas», explica el autor, que recupera una frase atribuida al protagonista original que habla por sí sola: «Yo cuando estoy en Deià puedo ser un niño como tú, puedo jugar [...]; cuando estoy en Palma me tengo que buscar la vida y tengo que ser un hombre».
Un joven que destacó por su voz potente y particular dentro de la música, comparable a un niño prodigio como Joselito, y cautivó a la escena bohemia de Palma en los años 70. Cantó con Joaquín Sabina cuando este estaba haciendo la ‘mili’ en Palma, se codeó con artistas como Joan Bibiloni o Miquel Barceló y se convirtió en la estrella sorpresa de una edición del festival Selva Rock. Una figura conocida en su época, pero cuya memoria no ha trascendido demasiado. ¿Por qué? «Creo que su historia se silenció, se quiso olvidar porque todos se sentían un poco responsables de su muerte, de no haber sabido protegerle», sostiene Gallego.
Con la historia de Chocolate en primer plano, la obra tiene de fondo un retrato de la Palma del tardofranquismo con cierta efervescencia cultural. «Es un retrato social, político y musical de aquella época, de las revoluciones perdidas, de aquellos sueños en los que todo estaba cambiando y pensábamos que iba a ir a mejor y al final muchas cosas se quedaron por el camino», explica el autor de una historia que, tras sus funciones en Balears y su paso por Barcelona, llegará al Teatro del Barrio de Madrid con una versión en castellano.