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Pandemia de coronavirus

Camareros ante el reto de mantener las distancias

Los camareros deben servir mesas y al mismo tiempo controlar que los clientes no se aglomeren | Josep Bagur Gomila

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No se antoja una tarea nada sencilla servir mesas y al mismo tiempo controlar que los clientes no se aglomeren, o que sencillamente no se saluden con dos besos o se sienten demasiado cerca. Pero no queda más remedio, porque las normas dictadas para la apertura de las terrazas en la fase I de la desescalada son claras en cuanto a la separación entre consumidores, y la responsabilidad de hacerlas cumplir recae en los bares. Así se ha trasmitido a algunos colectivos de empresarios desde las respectivas policías locales. En lugares como Sevilla se han impuesto ya las primeras sanciones por incumplimientos de los requisitos fijados para el primer paso adelante en la reapertura de los locales de restauración.

Desde la Asociación Menorquina de Cafeterías, Bares y Restaurantes de Menorca, integrada en PIME, Antoni Sansaloni explica que se ha recordado a los integrantes del colectivo la necesidad de hacer cumplir las normas y apela a la responsabilidad individual de los clientes, «todos tienen que ser conscientes de la situación, tenemos que ir con cuidado porque nosotros nos hemos preparado con mascarillas, guantes, desinfectantes...» José Bosch, presidente de la Asociación de Hostelería y Restauración de Menorca, dentro de CAEB, espera que las aglomeraciones en terrazas hayan sido cosa solo del primer día de apertura, por lo que opta por dejar pasar un poco más de tiempo antes de actuar, «lo haremos si vemos que hay más incumplimientos, a ver cómo va».

Los bares consultados, ambos de Ciutadella, coinciden en la necesidad que tienen de hacer cumplir la distancia mínima. El responsable de uno de ellos aseguraba ayer que «aquí somos muy estrictos, no queremos jugar con estas cosas». Su intención es avisar a los clientes en cuanto detecte una actitud incorrecta, aunque reconoce que es difícil controlar si dos se saludan estrechándose la mano, «no me voy a meter en el medio». En otro local, que todavía no ha abierto, explican que se han esmerado en las medidas de higiene, por lo que no tendría sentido relajarse y que lo ganado se pierda en las mesas.

En general, la sensación es que se ha visto un buen ambiente en las terrazas, una buena respuesta de la clientela que pueda animar a nuevas aperturas de una forma paulatina. Uno de los bares consultados, un clásico del centro de Ciutadella, asegura que espera a estrenarse el viernes, para aprovechar el mayor potencial del fin de semana, y los que ya lo han hecho relatan que se trabaja de forma continua. Para servir cafés y refrescos hay más ánimos, los restaurantes, por lo general, aguardarán a próximas fases.

Las ampliaciones de las terrazas no están siendo sencillas. Algunos han logrado, por las características de su entorno, sumar un par de mesas más a las que podían habilitar con la superficie habitual, mientras que otro ya sabe que no podrá hacerlo porque supondría incumplir la ordenanza de la vía pública. En Maó se han recibido unas veinte peticiones. Los ayuntamientos todavía las están tramitando. Algunos restauradores piden mayor flexibilidad.

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