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Empieza la lucha terrestre contra la procesionaria en Menorca

Para impedir la proliferación de orugas, miembros del Ibanat llevarán a cabo, este mes, dos aplicaciones de insecticidas biológicos e inocuos

La oruga procesionaria (Thaumetopoea pityocampa) tiene presencia en Menorca desde 1970

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Este mes de noviembre miembros del Institut Balear de la Natura (Ibanat) llevarán a cabo el tratamiento terrestre para impedir la proliferación de la procesionaria (Thaumetopoea pityocampa). Se realizarán dos aplicaciones, para atacar a las orugas cuando todavía son pequeñas, para que en los próximos meses no abandonen los nidos acomodados en las copas de los pinos y supongan un peligro para las personas, por su alta capacidad urticante. Por otro lado, como novedad, se instalarán 40 anillos trampa en pinos, para impedir que desciendan del árbol.

Esta campaña del Govern se llevará a cabo en áreas recreativas, refugios y ejemplares de pinos singulares, además, en el caso de Menorca, de las fincas públicas y el Parc Natural de la Albufera des Grau. El objetivo es conservar el buen estado fitosanitario de las masas forestales de pinares y evitar las alergias que puede ocasionar la procesionaria en personas y animales.

Sin aviones

La campaña consistirá en tratamientos realizados desde tierra, con una fumigación, puntual y precisa, mediante un cañón atomizador instalado en un vehículo equipado con un depósito de unos 600 litros, que contiene Bacillus thuringiensis, variedad kurstaki. Como apunta el jefe del Servicio de Sanidad Forestal de la Conselleria de Medio Ambiente, Luis Núñez, se trata de «un insecticida biológico, inocuo, que se utiliza en agricultura ecológica y que no afecta a las abejas». Tampoco a otra fauna, «se han hecho estudios», asegura. De hecho, «se degrada muy rápido por el efecto de los rayos ultravioleta», de ahí que se planifiquen dos aplicaciones. De este modo, con 15 o 20 días de diferencia, se logran atacar a las orugas que van naciendo durante ese periodo.

Niveles de procesionaria 2003-2023

Núñez expone que la lucha contra la procesionaria se lleva a cabo de varios modos, con actuaciones a lo largo del año. Así, entre diciembre y febrero, se instalan cajas nido para aves insectívoras y cajas refugio para murciélagos, por ser depredadores de mariposas de procesionaria. De estas, hay alrededor de un centenar y medio distribuidas por la geografía insular, y se prevé poner 30 más en varias fincas privadas. Ya en verano, se colocan trampas de feromonas para mariposas y se llevan a cabo capturas de reproductores.

Asimismo, para el próximo enero está previsto instalar los anillos en 40 pinos de distintas áreas recreativas.

Reivindicaciones

Desde la Asociación de Empresarios Forestales de Menorca (Asefome) echan en falta más contundencia contra la procesionaria, especialmente, con fumigaciones aéreas. Su presidente, Marcelino Hernández, defiende que «cuando fumigan con helicóptero o avioneta, las infecciones se reducen mucho», de ahí que reclamen que se realicen «cada año». Sin embargo, «lo hacen un año, y luego están siete u ocho años sin fumigar, y la procesionaria prolifera», asegura. «Este verano estaba lleno».

Con las intervenciones terrestres y con la densidad que presentan los bosques, «es difícil» penetrar y que las fumigaciones sean efectivas. Y la oruga «afecta a los pinos, los debilita y luego es más fácil que aparezcan otras enfermedades», lamenta el empresario del sector forestal.

Sobre estas cuestiones, los técnicos de la Conselleria realizan cada año una planificación y unas propuestas de actuación. Luego, el dispositivo que se ponga en marcha ya «depende de cuestiones presupuestarias y decisiones políticas», señalan desde el departamento de Agricultura del Ejecutivo autonómico.

El apunte

La presencia de estas orugas en Menorca se remonta a 1970

Según el jefe del Servicio de Sanidad Forestal de la Conselleria balear de Medio Ambiente, Luis Núñez, la oruga procesionaria (Thaumetopoea pityocampa) tiene presencia en Menorca desde 1970. Lo hizo unas décadas después de que, en 1942, se detectara en Mallorca, y antes del primer caso en Eivissa, en 1975 en Cala Vadella, pero se ha logrado contener su proliferación, siendo aún una especie «muy desconocida» en la Pitiüsa mayor. Mientras, en Formentera, el primer caso fue en 2007.

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