Peggy Audval, natural de Lille, fijó su hogar en Menorca hace un cuarto de siglo. Licenciada en filología española y latinoamericana, su marido es menorquín, es madre de dos hijos, reside en Punta Prima y da clases de francés y de castellano en la escuela de adultos. Con antelación, trabajó en el sector turístico y tuvo su propia empresa de organización de bodas. Se declara una gran enamorada de la Isla y con certeza, de entre la amplia comunidad gala que aquí radica, pocas voces tan autorizadas como la suya si procede hablar de la interacción Menorca-Francia. Será una de las ponentes en el Foro Illa del Rei 2025.
Se dice que vino a Menorca hace 25 años y se enamoró del lugar.
—Sí, vine por un viaje de placer. Un amigo mío trabajaba en Insotel Punta Prima, vine a visitarle y a conocer la Isla. Y me enamoré. De la gente, de la mentalidad, del sitio, de la calidad de vida… cosas que quizá hoy día no se valoran tanto. Lo primero que conocí fue la zona de Sant Lluís. Punta Prima, donde vivo, Binibèquer, y también Es Castell, fuimos a la Cova d’en Xoroi… conocía Mallorca, pero no tenía referencias de Menorca. Me encantó.
¿Prefiere la Isla en invierno o en verano?
—Cada vez me gusta más en invierno, aunque estoy a gusto con todas las estaciones. La primera vez que vine fue en verano, luego volví en invierno, también me gustó, me quedé a vivir aquí, en abril de 2001. Me relaciono más con la gente de aquí que con franceses.
¿Acaso no tiene relación con la comunidad francesa de la Isla?
—Ahora estoy conociendo más franceses, pues doy clases de castellano, lo que hace que tenga relación. Pero recuerdo que los primeros quince años de vivir aquí, casi me trababa hablando francés, pues apenas lo hablaba con mi abuela por teléfono. Aprendí catalán, mi gente es menorquina… estuve mucho tiempo sin apenas hablar francés.
La presencia en Menorca de compatriotas suyos ha crecido de modo exponencial en la última década. Unos vienen de vacaciones, otros ya poseen segunda residencia. ¿Por qué gusta tanto, de repente, la Isla a los franceses?
—Siempre pensé que Menorca era un lugar que podía gustar a los franceses. Pero en la época en que me establecí, no había vuelos directos. De hecho, yo venía vía Bruselas, aunque en aquel entonces salíamos a navegar y se veían muchos veleros franceses. Actualmente sigue habiendo y más. Pero la clave es que ahora hay muchos más vuelos, eso facilita las cosas. Y la sociedad francesa también cambia seguramente. De hecho, algunos de los que conozco que están aquí tienen en Menorca su refugio, es su modo de hacer una escapada.
¿El aspecto económico influye? Es más asequible adquirir una vivienda en Menorca que en la Costa Azul.
—No estoy muy al tanto del mercado inmobiliario, pero seguramente sí. Y porque está todo saturado, también. Y porque en Francia hay problemas de seguridad, de hecho es la mayor preocupación que tienen ahora mismo los franceses. Y cuando llegan aquí, es fer un alè.
¿Se trata de una moda pasajera o cree que los franceses han venido para quedarse?
—Un poco de todo. Algunos vienen con la idea de encontrar un lugar algo virgen, con su proyecto empresarial e interés por mercadear, lo que me molesta, pero luego topan con la realidad menorquina, que en octubre todo el mundo desaparece hasta abril y quizá sus intenciones no son viables. Pero quienes son como yo, que se enamoran de la esencia de Menorca, se quedarán.
Ha tenido una empresa de organización de bodas, ha trabajado en el sector turístico, ha sido profesora de francés y español, estuvo en el diario Ultima Hora Menorca… ¿algún proyecto en mente de cara al futuro inmediato?
—Mi actual proyecto es empezar a vivir, ir poquet a poquet. He tenido una empresa, la he disfrutado un montón, que aquí las bodas internacionales han cogido mucha fuerza, pero vine para tener tranquilidad y he decidido levantar el pie del acelerador, estar con mis hijos. Mi proyecto son mis clases de francés y español en la escuela de adultos y estoy muy contenta. Tengo alumnos motivados, de aquí, extranjeros… incluso les doy algunas pinceladas de menorquín. Palabras, tradiciones… aprenden castellano, sí, pero viven aquí, por lo que deben impregnarse de lo menorquín.
Hace 25 años que Menorca la cautivó. ¿La ve muy cambiada desde ese entonces?
—La he visto cambiar. Pero cuando llegué ya había cambiado. Nuevas construcciones, se han perdido espacios y también mentalmente hemos cambiado. Los menorquines, por desgracia, han tenido que adaptarse. Cuando llegué era una Menorca muy inocente. Iba con mi «Twingo», quitaba el frontal del radiocassette y la gente no lo entendía, de hecho me preguntaban ‘¿por qué lo quitas?’… claro, a las dos semanas, ya dejaba incluso el coche abierto… hoy en día ya no se puede. Y a ver, la Isla por otra parte se ha enriquecido y también hay que evolucionar, pero hay que hacerlo desde el respeto por el lugar.
Después de un cuarto de siglo en la Isla, ¿se siente más francesa o menorquina?
—Soy francesa, aquí me he formado como adulta. Me siento también menorquina. No estoy muy distanciada con Francia, pero a veces con los franceses no me entiendo y también me sucede con los menorquines. Para los franceses soy española, y para los menorquines, francesa. Soy una apátrida, jaja.
Habla catalán. ¿Lo aprendió con el objeto de sentirse más integrada?
—No tuve opción. Me quedaba rezagada en mi proceso de integración y aprendí menorquín. También es una forma de mostrar respeto por la tierra que te acoge. Lo hablo bien, aunque me expreso mejor en castellano. En mi familia me dicen que debería soltarme más en menorquín.
¿Cómo perciben los franceses a los menorquines? ¿Somos gente cerrada?
—Al contrario. Los menorquines me han abierto las puertas desde que llegué. He trabajado siempre para empresas menorquinas y nunca he tenido problemas. Los menorquines son más abiertos que los andaluces. Viví en Andalucía y allí la gente es muy tal, pero a la hora de la verdad, ‘búscate la vida’… Y aquí, la gente siempre me ha tratado de modo increíble. Quizá para algunas cosas los isleños somos más cerrados, pero en realidad abrimos el corazón más que en otros sitios.
Primera dominació francesa entre entre 1756 i 1763. Segona dominació…. ara. No quedarà res nostro