«Me gustaría decir que todo está bien y, en apariencia, todo parece ir bien: sigo aprendiendo español, tengo trabajo, vivo en una vivienda de alquiler y mi hija va al colegio. Pero eso es solo la punta del iceberg y las cosas no son tan color de rosa». Así empieza el testimonio de Aleksandra Ocheretiana, que en abril de 2022 llegó a Menorca junto a su hija Eva y su gato. Huyeron de su hogar en Ucrania después de que Rusia iniciara una invasión a gran escala el 24 de febrero de ese año. «Ese día perdí mi vida y todo lo que tenía: familia, amigos, estabilidad y el futuro de una carrera exitosa», continúa Ocheretiana, que reconoce haber encontrado en la Isla un oasis de paz en el que intenta no pensar en la realidad en la que está inmersa su país para sobrellevar el día a día. «Así es más fácil», reconoce.
Su hija y ella están completamente solas, sin la oportunidad de tener un contacto cercano con su familia. «Mi padre falleció hace un año y no tuve la oportunidad de pasar tiempo con él antes de eso. Mi madre se siente sola, pero no está lista para irse de Ucrania. Mi hermano pequeño, un artista muy talentoso, no puede desarrollarse profesionalmente y no puede salir del país porqué está en edad de reclutamiento», explica. Su hija Eva, lamenta, está creciendo sin el amor y la calidez de su familia, y sus familiares se ven privados de la alegría de pasar tiempo con ella. «Su padre lleva cuatro años como soldado defendiendo a nuestro país, en condiciones inhumanas en la guerra, con varias heridas y rehabilitaciones», relata.
Su ansiedad, dice, aumenta con cada mensaje o llamada nocturna. «Nunca se sabe qué noticias se van a recibir». Es la preocupación constante que la acompaña a ella y a la veintena de refugiados ucranianos que se han visto obligados a echar raíces en la Isla al no poder volver a su país, que se adentra en el quinto año de guerra tras la invasión rusa. «Menorca se ha convertido en nuestro segundo hogar». Aunque todos son muy diferentes, les une el dolor compartido y la comprensión de lo que está sucediendo. Se reúnen y celebran juntos la Navidad y la Pascua, con sus propias tradiciones y gastronomía. También conmemoran fiestas como el Día de la Independencia de Ucrania y honran, cada 24 de febrero, la memoria de quienes murieron defendiendo su país. Es su manera de recordar a sus compatriotas y que «Ucrania está siempre en nuestro corazón», explica Daria Iegorova, otra residente ucraniana en Menorca.
Un futuro lejos de casa
La Isla ha brindado a la veintena de refugiados ucranianos que se han instalado aquí paz y seguridad. Han aprendido el idioma, estudian, trabajan y desarrollan su vida como buenamente pueden. «Nuestras condiciones de vida actuales no son nada comparadas con las cómodas condiciones que teníamos en Ucrania, pero creemos en lo mejor y nunca nos rendimos», admite Aleksandra Ocheretiana, que como el resto de refugiados ucranianos tenía la convicción de que su exilio iba a ser temporal. «Aunque no pueda desarrollarme profesionalmente aquí, ahora me centro en el futuro de mi hija. Quiero ayudarla a tener una buena educación y a construir su propia vida. No puedo volver a casa mientras ella estudie», aclara.
La incertidumbre sobre cómo y cuándo terminará la invasión rusa de Ucrania desgasta día a día la esperanza de los refugiados ucranianos, que ven su futuro lejos de su país. «Me temo que la guerra no terminará pronto, porque nadie para a Putin. Las reglas del juego deben cambiar. Las negociaciones de nada sirven si el agresor no quiere alcanzar la paz y sigue ampliando su poder», valora Daria Iegorova. Agradecidos por las oportunidades que les ha dado Menorca para construir aquí su vida desde cero, los desplazados ucranianos, con una herida inmensa que duele como si se hubiera abierto hoy mismo, echan la vista atrás con el deseo de que el final del conflicto esté por fin cercano.
Ciudadano KaneDoncs no. És simplement un comentari d'algú que pensa per sí mateix i té un mínim de lògica. Sa dreta fa lo mateix amb Veneçuela, per exemple. Tot el dia i a tota hora criticant el règim de Maduro, però al mateix temps ben calladets contra Israel o, fins i tot, donant-hi suport. I l'esquerra ho critica i amb raó, però al mateix temps en general fa el mateix amb Palestina, per exemple, mobilitzant-se tota l'estona per aquesta causa, però ben poc per la causa d'Ucraïna o directament oblidant-se de causes com la del poble Saharaui. Tot és hipocresia i dues vares de mesurar les coses per gran part d'activistes i polítics suposadament ben intencionats, però que en definitiva es mouen realment per altres interessos i agendes polítiques en el fons. S'ha d'estar ben esbiaixat/fanatitzat cap a la dreta o cap a l'esquerra per no veure el que és evident de manera totalment objectiva.